Vaya por delante que la huelga es una conquista consagrada que tienen los trabajadores
para reivindicar y defender sus derechos. De hecho, en lo que llevamos de democracia
todas las huelgas generales se convocaron por razones laborales contra las políticas del
Gobierno de turno, responsable de implantar medidas sobre salarios y condiciones de
laborales de la clase trabajadora.
Pero nunca una huelga general se convocó de repente. Todas se fraguaron en meses de
duras negociaciones y al romperse sin que el Gobierno escuchara y aportara soluciones,
los sindicatos tocaron a rebato.
Pero esta huelga general no es así. Por eso tiene dos peculiaridades difíciles de entender.
La primera es su repentina convocatoria fijada por los sindicatos mayoritarios para el 11
de noviembre, a dos días del comienzo de la campaña electoral, y la justifican para
denunciar los precios y carestía de viviendas, la precariedad de los salarios y las
deficiencias de los servicios públicos.
Presiento que ustedes, como la mayoría de la gente, no entienden que los sindicatos, que
llevan ocho años callados, descubran ahora que los jóvenes y no tan jóvenes no pueden
acceder a una vivienda, que los salarios de millones de trabajadores no alcanzan para
llegar a fin de mes y que los servicios públicos presentan graves deficiencias.
¿En qué país vivieron los líderes de CC.OO y UGT en los últimos ocho años? ¿El
silencio ante las políticas del Gobierno se debe al agradecimiento por el extraordinario
aumento de las subvenciones que recibieron? ¿Es esa la forma de defender a los
trabajadores? Cuando quienes tienen esta misión se comportan como “estómagos
agradecidos” alineados con el Gobierno de turno, hacen dejación de su función de
defensa de los trabajadores y se comportan como una pieza más de estrategia partidista.
La segunda particularidad la ofreció la directora de estrategia de campaña del partido
que apoya al Gobierno, la señora Montero que, en un rasgo de sinceridad, dijo: “la
huelga general se convoca contra la oposición…”. Lo nunca visto en la historia del
movimiento obrero. No se plantea contra quien gobierna y tuvo la capacidad de legislar,
presupuestar y ejecutar políticas para solucionar los problemas que denuncian. Se
convoca contra la oposición, lo que le confiere el carácter de huelga política y
“preventiva y por encargo”, no para construir viviendas, sino para advertir a la
oposición de lo que le espera si llega al Gobierno.
Convertir una huelga en instrumento de confrontación electoral contra la oposición, que
no tiene responsabilidades de gobernar, es una perversión difícil de explicar en
democracia y no tiene precedente en los manuales de Ciencia Política y Derecho
Laboral. Y si el Gobierno ampara y celebra la finalidad de esta huelga, el problema se
convierte en una anomalía democrática y sindical.
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