“La cultura del botellón”. José Manuel Pena

La juventud tiene todo el derecho a divertirse, máxime en los tiempos que corren de crisis de valores, social, económica, política, etc. . Los jóvenes son los más perjudicados y víctimas inocentes de la mayoría de las medidas adoptadas por nuestros gobernantes. Hace ya bastante tiempo que, en muchos pueblos y ciudades de nuestro país y de otros del entorno, la diversión y el ocio nocturno se está convirtiendo en un problema de salud pública y de seguridad ciudadana, gracias a las consecuencias que comportan los botellones, en los lugares donde se juntan jóvenes y no tan jóvenes para beber hasta el amanecer. En muchos casos sin control y sin temor a las consecuencias físicas y psicológicas que conlleva un excesivo consumo de alcohol.
Lo peor de todo esto es que a la mayoría de la sociedad y de los poderes públicos parece no preocuparles porque se mantienen al margen y consienten este tipo de movida nocturna en cualquier calle, plaza o parque público hasta altas horas de la madrugada. Da igual, el botellón ya forma parte de la “cultura” de muchos jóvenes y para algunos de ellos ya es algo habitual que, cuando uno sale de marcha, tienen que emborracharse para “ahogar” sus frustraciones o bien liarse con cuantas más chicas o chicos mejor para al día siguiente poder contar sus “hazañas amatorias y sexuales”.
Los expertos hablan de que todo es cuestión de la educación que reciben en los hogares, pero el tiempo pasa y cada vez es más normal ver a jóvenes, incluso de 14 y 15 años bebiendo alcohol en las calles sin que nadie les ponga freno. A pesar de estar prohibidos los “botellones” cada vez abundan más, principalmente en estas épocas estivales de fiestas permanentes, no solo los fines de semana. No podemos olvidarnos tampoco de que los padres no estamos exentos de responsabilidad aunque la mayoría no hacemos nada para evitar que nuestros hijos, bastantes de ellos menores de edad, tengan que acudir a los centros de salud u hospitales por problemas con el alcohol. Preferimos mirar para
otro lado, mientras tanto nuestros hijos continúan dañando su salud e impidiendo el merecido descanso de los demás ciudadanos.