En este martes laborable miro desde mi ventana de trabajo el valle del Sarela, monte Pedroso detrás, los cultivos agostados debajo, el barrio de Casa Novas y la Casa del Presidente. Nubes de otoño y algunas gaviotas que planean. Chopos y plátanos amarillean en este final de septiembre. Envío mensajes de felicitar migueles, gabrieles, rafaeles, porque hoy es día 29. Un destinatario no acusa recibo… (¿?)
Más allá de este marco inmediato, ocho mil millones de humanos trabajan, aman, duermen, agonizan…, como cada martes. En este martes poco novedoso, nada se ofrece excepcional. ¿Qué puedo hacer por paliar el problema de la Vivienda, recomponer Ceuta y que Maricarme vuelva a casa? Humm! Quizá laborar por la Paz desde la tarea de hoy, quizá leer otro comentario al viaje a Francia de papa León. Empujar el día y sus asuntos pendientes. Aceptar que en cada persona están todas las personas y que “cuando un hombre se eleva Toda la Humanidad se eleva”.
Como cada martes de septiembre este nos invita a vivirlo con cuidado y, si supiéramos cómo hacerlo, con el asombro de aquel Primer Martes, segundo día de la Creación…
Y este, con una lluvia que resulta nueva.



