Los forenses han identificado las últimas víctimas de Urda, Toledo. La señora muerte guadaña pilló impensadamente el pasado 28 de octubre a sesenta y nueve de los nuestros. Me ha electrizado admirar la variedad de personalidades. En noviembre se enredan vivos y muertos; desayuno con vivos pero oigo la música y leo libros que compusieron muertos creativos, más inspiradores que mis compañeros de tazas de café y leche. Nos relacionamos con los muertos en música, novelas y fotografías.
Andamos revueltos vivos y difuntos toda la vida. Me repito que no me da miedo la muerte pero reconozco que me inquieta la morida, la tabarra que la precede. El señor Francisco de Quevedo desgranó aquello tan vivaz de:
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
La Salud y la Edad se hayan huido!
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
Pañales y mortaja…
En noviembre ofrezco sufragios por los que aspiran al Cielo, como yo mismo. Llevé flores a la tumba de Javier el Día de Difuntos. Mi sobrina Ana localizó la lápida olvidada de la abuela Isabel en el cementerio de Sant Cugat y lo celebramos como un hallazgo. Deseo reencontrarme con ellos en algún futuro no demasiado lejano. Mi consejero espiritual me recomienda que piense con frecuencia en que moriremos un día, quizá un noviembre, cuando el viento convierte en pájaros las hojas caídas.



