
Me duele lo que escribo. Tal vez difícil de entender.
Hay dos tipos de plumas, las plumas biológicas y las plumas de escritura.
Las plumas biológicas, las hay de Pavo Real y de buitre carroñero.
La pluma estilográfica es, didáctica, limpia y clara, un verbo comunicativo, a veces de denuncia, y otras de reconocimiento, ágil, eficaz.
Dentro de la molicie del odio, hay una maldad silenciosa, una maldad incruenta, hiriente pero incruenta.
Luego están las plumas de las aves carroñeras, como el buitre que se alimenta de carroña.
Se puede heredar hasta la cuarta generación.
Así pues se puede investigar el honor perdió hasta la cuarta generación, pero para los huérfanos de conocimiento, para los iletrados puedes llegar hasta el imperio romano, como hacen unos.
¿Quién defenderá la palabra silenciosa de los muertos?
¿Qué razón desenterrar, cuando ya no hay hojas en el calendario?
La historia la escriben los vencedores, pero luego cuando los vencidos, alcanzan el poder, crean la misma mentira histórica que los vencedores.
Mienten unos, mienten otros. La admiración tiene un límite, y no es la primera vez, que esa admiración abofetea mi cara, el mérito es que lo reconozco, me duele el fracaso, por el respeto que le tenia, pero él lo perdió, y me duele el fracaso de mi admiración, pero admiro mucho más la verdad y la justicia, que la mentira.
Cuando no encuentra razón ni bajo las piedras, se encuentran desnudos, mostrando sus desvergüenzas, ahí aparece su ambición, surge a la luz su amor necrofilico.
¿Quién defenderá a los muertos?
Siempre habrá alguna pluma, o lápiz, que aun a riesgo de ser lapidado con palabras consonánticas asuma el riesgo.
Le amaba hasta más allá del tiempo




