Algunas personas hemos tenido la suerte de poder escuchar a menudo a nuestros educadores que, tanto en lo referente a las personas como a las cosas, había que hacer un uso justo y sensato de lo que estaba en nuestras manos. Y no solo eso, sino que había que disponer nuestra interioridad para ser delicados con las personas y sensibilizar nuestro espíritu para ordenar las cosas de tal modo que nunca se pudiera llegar a usar mal de nuestra libertad, sino que esta nos inclinara a hacer el bien al prójimo.
Hay algo que merece ser tenido siempre en consideración, y este “algo” nos debe llevar a “ser consecuentes”. Si yo no debo revolucionarme interiormente, en orden a respetar siempre a los demás…, ¿para qué me puede servir un relato pornográfico…? Y, si el estímulo que provoca la pornografía en la persona que lo contempla es a menudo causa del abuso sexual respecto de quien se considera más débil…, ¿podemos considerar “progreso” la permisividad de quienes admiten el derecho a la proliferación de vídeos de ese tema…?
Los medios de difusión informaban en días pasados de que, en un “centro de formación” infantil, se distribuían preservativos a los niños… Esto hace pensar que la seguridad de no dejar embarazada en el futuro a una chica justificaba la distribución, anticipada en el tiempo, de unos objetos solo útiles para realizar el acto sexual, con más o menos condescendencia por parte de la joven…
También informaban de que en otro Centro sometido a los poderes públicos se establecía que, fueran niños o niñas los que allí se duchaban, que lo hicieran juntos y desnudos… El mutuo conocimiento del cuerpo de los niños por parte de las niñas y viceversa…, ¿puede ayudar a que en el futuro se respeten mutuamente…?, ¿o los estimulará más bien a ejercer las tendencias naturales, frente al respeto que merecen todas las personas?
Tampoco faltan noticias, cuando se habla de abusos sexuales, en torno a ciertas mozas que se quejan de que algún joven aprovechó su mayor fortaleza para violentarlas. A menudo se dice que la chica accedió a la vivienda del joven, que estaba solo… Es verdad que la
gente bien formada tiende a no sobrepasarse; pero en muchos casos, se está “jugando con fuego”…, y después se queja la persona en principio más débil… Y diríamos: ¿Es una actitud prudente y consecuente, el que una moza vaya a casa de un joven que vive solo, a unas horas tardías, para compartir el tiempo con él…?
Hay algo que parece estar permitido, o al menos no urgido lo contrario, según han dicho los medios de ciertos políticos, o familiares de ellos. Se trata de los clubes o casas de prostitutas, que, como decían algunos familiarmente, “no estaban allí para rezar el Rosario”… De ordinario, según parece, eso no está penado…, pues, al juzgar a alguno de los que tenían esos clubes, no ha aparecido ese concepto como causa de un castigo… De todos modos, ¿creen que de esa forma se respeta a la mujer…, o más bien denota falta de consideración con ella…? ¿Son esas personas “feministas”, valiéndose así de las mujeres …, o más bien todo lo contrario? Y el que eso no esté castigado…, ¿puede hacer que se considere a un régimen político como “feminista”…, “de progreso”, o preocupado por las mujeres?
Está patente en la sociedad en que vivimos el que, en nuestra democracia, se aceptan los consejos de muy diversos grupos, incluso de gente extranjera, en orden a lograr paz y concordia entre unos y otros. Sin embargo, el poner en práctica los diez mandamientos que señala la Religión Católica, sería un criterio adecuado para respetarnos mutuamente, e incluso para promover cada persona el interés de los demás, en orden a lograr una sociedad más justa y mejor llevada. Da pena el pensar que el tema de la Religión Cristiana no encuentre simpatía alguna en los ámbitos de gobierno de la nación. Esa Religión llama a sus miembros a vivir unidos: en el ámbito sexual, los matrimonios, y no fuera de ellos, cumpliendo lo que dice el ritual de ese sacramento: “…y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”.



