Un alto y viejo muro de piedra protegía la residencia infantil, digo de piedra aunque no se veía, la hiedra, de color verde y a veces rojo se agarraba al muro con la misma fuerza que Miguelito se agarraba a sus sueños.
Miguelito era su nombre pero una niñita de su misma edad su mejor amiga le hacía rabia llamándole Miguelin, pin pin. La niña se llamaba Susana
Para Miguelito Sor Lucia era como la madre que no tenía, pero ella tenía que repartir su amor entre los 50 niños y niñas de la residencia.
A veces Miguelino preguntaba, como es que desaparecen amiguitos, ¿dónde están, a donde los llevan?, se ponía triste a veces lloraba.
Sor Lucia lo sentaba en su regazo y le decía: hay papas y mamas, que no tiene hijos y viene aquí a tomarlos como hijos propios, los adoptan y forman familia.
Miguelito también quería tener un papa y una mamá solo para él.
En fechas como estas, con sus primeras letras, temblorosa, pero llena de amor, solicitaba a los magos de oriente, que le regalaran un Papá y una Mamá.
Cuando Sor Lucia leía la carta no podía evitar que alguna de sus lágrimas cayesen, sobre las baldosas, a veces blancas a veces negras, era un piso viejo de antaño.
Miguelin era tan guapo, como travieso, era un niño lleno de vida, vida y mucho amor para dar.
Pero un año le llego el día, fue adoptado por una familia deseosa de compartir el amor.
En su nueva casa, en estas épocas echaba en falta el cantar del rio que circundaba los muros de la residencia.
El papá y la mamá, le invitaron a escribir una carta a los reyes, que pidiese, lo que más deseaba, él les pregunto si podía pedir lo que más añoraba, pide lo que quieras mi amor.
Llego el día de abrir la carta, un solo deseo, uno solo, solo una cosita faltaba para ser el niño más feliz del mundo,
Decía, querido reyes magos, -(transquibo correcto sin las faltas de Miguelin)- soy el niño más feliz del mundo tengo el mejor papá y mamá, pero solo una cosa me falta, una hermanita, y la mejor hermanita es Susanita, echo en falta sus juegos, sus bromas, la recuerdo cuando me llamaba Miguelin pin pin, la quiero y me quiere, no quiero que este sola en aquella casa vieja, la deseo, deseo tenerla como hermana, así sería el niño más feliz del mundo.
Al año siguiente, por estas fechas su sueño se hizo realidad.
Hay amores que no nacen bajo el corazón, sino en el mismo corazón.



