
Transcurría el tiempo, allá antes del 1720, estaba en lo que hoy es la Plaza del Obradoiro, como muestra la foto izquierda estaba en construcción, la Catedral Compostelana, carros de bueyes traían materia, los canteros labraban la piedra, Escuchaba yo el golpeteo del mazo contra el cincel, como un repique de campanas, casi, casi todo al unísono.
Decido acercarme a uno de ellos y le pregunto, ¿Cómo va el día buen hombre? Pues ya ves trabajando esta piedra a golpes de martillo y cincel por un mendrugo de pan, el siguiente más o menos lo mismo, trabajando la piedra hasta dejarla echa un cubo perfecto, y el tercero que me llamo la atención por su sonrisa y buen porte, le pregunto, buen día señor, como va la obra, bien. bien, ya ves trabajando esta piedra hasta dejarla en las dimensiones señaladas, esta piedra será parte de una obra, de un monumento nacional que será admirado en todo el mundo, y parte de ello será obra mía, esta admiración por el trabajo perdurará a través de los años.
Se que mi nombre no tendrá reconocimiento, pero yo tengo el placer que mi trabajo, formará parte de la admiración mundial.
Luego pasados los años, allá por el 1720 hasta el 1731 será Fernando Casas Novas quien culmine la fachada barroca, hoy vemos la catedral como muestra la foto de la derecha, pero en un tiempo no fue así.
Lo que queremos mostrar es que hay distintas formas de hacer un trabajo, de dejar firma y huella en aquello que hacemos, podemos hacerlo por cumplir, por un salario, o podemos hacerlo con amor, con dedicación y eso marcara la diferencia entre unos y otros.
Un pensamiento, “si mejor es posible, lo bueno no está bien hecho”.




