Soy un ciudadano de a pie, que no entiendo el organigrama gubernativo. Cierto que me siento con el derecho de considerar que los que ostentan algún tipo de cargos deberían tener los estudios oportunos, y no simplemente facilidad para comunicarse entre ellos y para intentar convencer a los ciudadanos. No les niego la posibilidad de asesoramiento, que para eso estarán los más de mil asesores oficiales que tienen los que mandan en la gente del pueblo.
Sin embargo, aun sin ser ceutí ni policía, no me entra en mi cabeza el que alguna persona, que ostenta la mayor responsabilidad de vigilancia en el territorio español, manifieste que no solo no sabía lo que iba a suceder, sino que tampoco le consta lo que de hecho aconteció. Una persona que ostenta ese cargo “tiene que saber todo”, y no solo lo que ha sucedido, sino también lo que está para suceder.
Otras personas, cuando afrontan una invasión que ha acontecido en nuestro territorio, entrando ilegalmente un número que duplicaba la población del lugar, se “despachan” afirmando que ha sido un acto “puntual”… Esto no lo dice alguien que ostente un cargo pequeño en el conjunto de los poderes nacionales…, por lo cual no puedo menos que sentirme indefenso, al percibir falta de honestidad en quienes mandan.
Otra persona de las importantes de España, de las que debía procurar el bien de los ciudadanos, desde un “ámbito de progreso”, ha llegado a dimitir. Normalmente, aunque, a la vista del problema que le crea a su partido, la cesen, siempre dimite “por razones personales”… El caso es que, si no les vale a quienes manifiestan que todo lo hacen bien, para beneficio de los ciudadanos, que todos ellos viven con sobriedad e incluso espíritu de sacrificio, tienen que cesarla.
Sucede a veces que, siguiendo el consejo de utilizar medios públicos, opta uno por ello, y llegan los problemas, en las vías de los trenes o en las carreteras. Se producen grandes retrasos, y a veces no se le ofrecen a los viajeros ni razones de aquel desastre, ni tampoco soluciones. Sin embargo, hay algo que acontece en todas las ocasiones: que el responsable fundamental, que aparece a menudo en los medios para proclamar todo por lo alto lo bien que lo hace su superior, nunca aparece en lo que le atañería fundamentalmente a él.
A menudo, quien tiene la sartén por el mango desaparece, en ocasiones para reflexionar durante unos días, y en otros casos porque en los Organismos Nacionales se van a tratar algunos asuntos graves de familiares suyos. Normalmente se alega que tiene que desplazarse a Europa o a América, por compromisos previos. Cuando él no encuentra una razón para salir, y le correspondería dar cuentas ante los de otros partidos, suele dedicarse en la casi totalidad de su intervención a criticar las posturas de quienes en esos momentos no gobiernan, en lugar de intentar justificar lo que él indebidamente ha hecho. En el caso de que se le termine el tema de su discurso, añadirá una larga reflexión sobre lo bien que lo ha hecho en el pasado y lo bien que lo hace en todo momento.
Al ver esto, que se repite una y otra vez, me siento indefenso. Ni siquiera los jueces, que han estudiado mucho Derecho para llegar a ese cargo, pueden estar tranquilos. Si tienen que juzgar a un pariente cercano de uno de los miembros del Poder, tendrán que escuchar pronunciamientos de los otros miembros del equipo, manifestando si es o no justo lo que ellos dictaminan. ¿Acaso también los pronunciamientos de los jueces, para ser verdaderos, han de ajustarse a lo que establece la política, en concreto el partido que gobierna?
Hace algún tiempo, había otros personajes, presentados como beneficiosos para los ciudadanos, que ahora se encuentran en la cárcel, u ocupando un puesto en instancias superiores, o bien en espera de un juicio que no llega…; y, cuando llegue el juicio, si las instancias oportunas consiguen que se celebre, no solo tienen el privilegio de gozar de los mejores abogados, sino que, si el propio Tribunal Supremo los condena, todavía podrán buscar la absolución ante un tribunal superior: sí, superior al Tribunal Supremo (¿?).
Yo concluyo como he empezado: me siento indefenso, pues busco honestidad y no la encuentro… Como resumen, al referirme a esas instancias de Poder Nacional, no encuentro ayuda alguna, sino que escucho tan solo la afirmación de “¡Qué bien lo hacemos!”.



