
Muchos españoles conocen a Pilar Alegría por sus diarias apariciones en TV y emisoras de radio repitiendo como una cotorra las consignas oficiales en contra del líder de la oposición. Pero seguro que gran parte de esos ciudadanos no saben que esta señora es ministra de Educación porque nunca escucharon una intervención suya referida a sus competencias ministeriales en el campo educativo, que está hecho unos zorros.
Un ejemplo de libro es la selectividad. Hasta hace pocos días su departamento tenía inquietos y preocupados a medio millón de escolares en toda España, unos 12.000 en Galicia, que cursarán este año segundo de bachillerato y no sabían cómo serían las pruebas de la EBAU.
Por fin el Ministerio de la señora Alegría ha despejado la incógnita una semana antes de que empiece el curso. Aparca la reforma de la selectividad y mantiene el modelo actual por “estar en funciones” y para no generar incertidumbre en las familias y confrontación con las comunidades autónicas.
Es curioso, se da la paradoja de que los alumnos estudian con parte de la aplicación de la Lomloe y harán la EBAU siguiendo el modelo de la Ley Wert, lo que da idea de los bandazos y desidia de este ministerio que tampoco se plantea estudiar la posibilidad de establecer una prueba única de selectividad en todo el Estado como reclama gran parte de la comunidad educativa, también la Xunta de Galicia.
La última en pedirla fue Clara Eugenia Núñez, catedrática de Historia de las Instituciones Económicas de la UNED y Directora General de Universidades de 2004 a 2009, que sabe de lo que habla: “La selectividad hay que cambiarla…, debe ser una prueba de carácter nacional para todos los alumnos con los mismos criterios de corrección. Esto acabaría con este sistema perverso que ha provocado una inflación de notas en el Bachillerato con expedientes que antes eran de notable y ahora vienen con matrícula”. No tiene sentido, añade, que en unos sitios penalicen las faltas de ortografía y en otros no.
La EBAU es un asunto muy serio que determina el futuro académico, profesional y personal de los estudiantes y trasciende a los partidos políticos y a sus ideologías. Pero, como denunciaba una madre en junio, “nadie hace nada por cambiar el sistema injusto de acceso a la universidad en el que los alumnos no compiten en igualdad de condiciones y los más penalizados son los gallegos”.
Algún día habrá un nuevo modelo de EBAU, pero en esta prueba, como en otros muchos asuntos, prevalecerá el principio lampedusiano “que todo cambie para que todo siga igual”. La ministra está muy ocupada fustigando a Feijoo al que, por cierto, podría criticar con algo más de talento y con menos displicencia y falta de cortesía.



