
A la luz de un viejo candil, un viejo poeta, con vieja pluma escribe un naciente poema, pero si una lagrima cae, entonces dejará de ser poeta, pondrá su máscara de guerra, y donde antes era tinta azul, hoy será tinta roja.
La dualidad del hombre, que no nació para poner la otra mejilla, ni rodilla en tierra.
Señor, decidme que queréis que sea, vos sois dueño de las cadenas, de mi pluma y papel, mas no sois dueño de mi libertad, podéis encarcelarme y en la celda seguiré siendo el hombre más libre del mundo, pues dentro de mi alma de mi cerebro no tenéis la llave para entrar, porque esta puerta no tiene llave.
En la noche sueño con cielos azules y blancas nubes, oigo el sonido de las olas al besar la playa, y eso señor no podéis robármelo.
Pero si pongo la máscara puedo ser vuestra pesadilla, ¿de que sois dueño? No podéis robarme el amanecer, ni la luna Lorquina, no podéis evitar las mareas, no robarme las estrellas, no podéis evitar la primavera, no robarme el agua de la lluvia.
Podéis con ayuda de vuestros vasallos, mancharme, pero que le importa al tigre una macha más.
Podéis echarme la jauría de vuestros esbirros, pero recordad, mañana todos, todos, vais a morir en el tiempo, mientras que las palabras, la poesía habita en el viento, hoy, aquí, allí y allá.
Y la historia un día escribirá lo que un día fue, siempre habrá un trovador que de pueblo en pueblo cante, hay cosas que por muy poderoso que fueseis, no podréis robar, no podéis robar el amor, ni los alisios, siempre habrá un jilguero que cante, un perro que no comerá vuestras migajas.
Habrá un campesino, que arando la tierra plante la semilla de la libertad, y nacerán nuevas flores, verde hierba fresca, verde señor y ni eso podéis cambiar su verdor.
¿de que sois dueño señor?



