Los que en estos momentos ya somos mayorcitos, hemos recibido en diversos ámbitos, cuando éramos jóvenes, la misma afirmación: que, en todas las instancias superiores a los individuos, hay que transmitir enseñanzas que sirvan para respetar a los demás y abrirles caminos para la vida, cumpliendo las leyes establecidas.
Hace algo menos de una semana he recibido un WhatsApp que recogía la exigencia desmesurada de un regidor a una oficial de policía, requiriéndole que le devolviera su coche. Este se encontraba en el depósito de los vehículos indebidamente aparcados en un lugar de la ciudad, y retirados de allí por ese motivo, a pesar de lo cual él exigía que se lo devolvieran, en vez de ir él a recogerlo.
Si el testimonio recibido no tenía suficiente crédito para mí, lo que he llegado a ver el pasado sábado a una hora temprana en un medio público, mientras desayunaba, me ha hecho reaccionar, y es lo que ahora me mueve a escribir este artículo, al comprobar que las ofensivas palabras salidas del alcalde en cuestión eran ciertas.
La postura de la interlocutora y la del periodista del medio público se centraba tan solo en el modo inconsiderado de tratar a la agente de la policía, aunque hay algo que, en cualquier caso, me duele todavía más. El que esto escribe, considera que, cuanto más alto sea el cargo que tiene el que habla, tanto más ha de valorar el cometido del interlocutor. Así, en el caso de que este tenga que estar en la oficina, no debe salir de ella, aunque se lo pida el más alto mando…, a no ser en el caso de peligro inmediato de una vida que, saliendo, puede salvar.
Lo que me preocupa del comportamiento de este ¿regidor? es lo que él, de modo irrespetuoso e irracional, ha dicho: en una manifestación de menos de dos minutos, aparte de llamarle “tonta” a la agente, profirió cinco blasfemias contra Dios y cuatro contra la Virgen. Acerca de esto último, que tanto me entristece, no he oído ninguna queja ni tampoco ninguna disposición de sus superiores.
A mí, que soy una persona de a pie, me viene a la mente la idea de lo que tendrá que hacer un mando como ese para ser retirado de un cometido que es propio de un ser racional. La mayor parte de la sociedad gallega, como la del resto de España, considera que la vida que tenemos, así como los frutos que produce la tierra, surgen de ella merced a la obra de Dios en favor del hombre. Más allá de estos bienes, creemos que, al final de la vida terrena, si nuestro comportamiento es digno de nuestra condición de “hijos de Dios”, recibiremos una gloria que no terminará nunca.
Por este motivo considero que muchísimas personas tendrán que sentirse heridas por el persistente ataque de ese ¿señor? a lo más profundo de nuestro ser. Y el haber pronunciado palabras sucias contra el ser virginal de nuestra madre la Virgen María…, ¿qué respuesta merece…? Por supuesto, aunque el que profirió esas asquerosidades contra lo más Santo espere una respuesta semejante, puede estar bien seguro: no va a conseguir que yo le devuelva sus palabras aplicándoselas a su padre o a su madre…, aunque personalmente nunca haya aspirado a ser “regidor”…
Para concluir…, quisiera dejar en el aire un interrogante: ¿qué sucedería si el sujeto en cuestión, al expresarse, cambiara el nombre de “Dios” por el de “Alá”…? ¿podría quedarse igual de tranquilo…?



