Hay personas que, cuando se van, dejan un vacío. Y hay otras que, de alguna manera, consiguen quedarse para siempre. Paco Corral, padre, es de estas últimas. Paco se ha hecho eterno.

Nació en Carballiño, pero hizo su vida en Arcade y Soutomaior, donde dejó una huella profunda, hecha de trabajo, perseverancia y discreción.
Fue una persona sencilla, amable y gentil; un buen padre, un buen marido, un buen abuelo y un magnífico amigo. De esas personas que, sin hacer ruido, dejan una huella profunda en quienes tienen la suerte de conocerlas.
Le recordaremos por sus historias de Citroën, por Veiramar, el restaurante que fundó y que hoy es uno de los grandes de Galicia, por las fiestas del 4 de septiembre y los fuegos artificiales. Y también por aquellas tierras destinadas al vino de Soutomaior, con las que llegó a reunir casi quinientas propiedades en una sola finca. Solo alguien como Paco, con su perseverancia, su capacidad de trabajo y su discreción, podía sacar adelante un proyecto así.
Hoy es, además, un día especial: celebramos San Francisco de Asís. Me gusta pensar que Paco ya está con él, en el cielo, compartiendo este día. Y nosotros, desde aquí, lo acompañaremos en el recuerdo.
Quiero trasladar todo mi cariño a Sinda, su esposa y compañera de toda una vida; a sus hijos, Paco y Mari; y, por supuesto, a sus yernos y a sus nietos. A toda la familia, mi abrazo más sincero en estos momentos.
Paco seguirá con nosotros en sus historias, en todo lo que construyó y, sobre todo, en el recuerdo de quienes lo quisimos.
Porque las personas de bien nunca se van del todo. Se quedan en el corazón.
Y Paco Corral, padre, desde hoy, ya es eterno.
Alberto Barciela



