Las rutas hacia Compostela persisten inamovibles, pavimentadas de pasos, de experiencias y de historias que transitan por los siglos y hacia otras geografías. Como bien recordó el historiador Marc Bloch, el Camino de Santiago fue, más que una ruta de fe, el gran canal por el que circuló la savia de la civilización románica, un espacio donde Europa dejó de ser un archipiélago de aldeas para convertirse en un continente de caminantes.
Hace poco, el arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto, presentó en la capital gallega las claves del Año Santo Compostelano 2027 bajo el lema evangélico “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”. Ante un mundo convulso y apresado por las pantallas y las soledades, el pastor de la diócesis compostelana recordó que la hospitalidad cristiana exige responder al cansancio y la fragilidad del caminante con una oferta directa de acogida y concordia, por lo que hay que preparar las rutas y la gran casa del Obradoiro para recibir en perfecta armonía a todos los que acudan a la llamada.
Recientemente, a este impulso espiritual se sumó una brillante presentación coral en Madrid, protagonizada por el presidente gallego Alfonso Rueda, acompañado por el director de Turismo de Galicia, Xosé Manuel Merelles, y por el comisario del Xacobeo 2027, Marcos Gómez Román. En aquel acto se puso de manifiesto cómo el Xacobeo y el Jacobeo se complementan a la perfección, tejiendo un puente entre la tradición histórica y el futuro, y recordando que los hitos del pasado son faros que guían los pasos del presente.
A lo largo de los siglos, la ruta jacobea ha actuado como un vibrante lugar de encuentro, un espacio tendido contra el aislamiento. Como apuntaba el escritor Álvaro Cunqueiro, a Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro.
Como señaló el célebre viajero Ulisse Aldrovandi en su juventud errante, o como reflejó Marco Polo en su Libro de las Maravillas al citar la ruta como algo ya universal, el Camino es el gran depositario de las esencias humanas. Al final del trayecto, la meta somos nosotros mismos; abrazar la sencillez y abrir los brazos al otro es la única forma de encender una luz compartida para cuantos buscan el horizonte en la tumba del Apóstol. Todos los pasos peregrinos son patrimonio de una humanidad que orienta su esperanza hacia Santiago, recordando siempre que los peregrinos no vienen, regresan.
El 2027 será una nueva oportunidad de renovar siglos de tradición, encuentro, convivencia e intercambio de culturas, en este viejo continente necesitado de encontrar su orientación, su papel en un mundo de complejidades interminables pero también de oportunidades. Hemos de caminar juntos, como la Xunta y la Iglesia vienen demostrando que es posible hacer.
Cada piedra milenaria y cada sendero recuperado nos invitan a redescubrir que la verdadera dimensión del viaje no reside únicamente en la distancia recorrida, sino en la capacidad de transformación interior y colectiva. Cuando peregrinamos hacia la tumba del Apóstol, no solo honramos un legado histórico incalculable, sino que tejemos los hilos invisibles de una fraternidad universal que trasciende fronteras y dogmas, recordándonos que la esperanza, al igual que los viejos caminos de Europa, se construye paso a paso, desde la humildad y el compromiso compartido con el porvenir. El otro existe, no lo olviden.
Ulteia. Paz y bien. Buen Camino.
Alberto Barciela
Periodista
Miembro de la Mesa del Turismo de España



