Despunta el otoño sobre la ría de Arousa con una claridad de plata vieja y salitre, mudando los pinares de la isla de A Toxa en un mirador de sosiego donde la Galicia más atlántica y liberal renueva su vocación de encuentro. En este umbral de octubre, cuando la brisa fresca del poniente despeja las últimas calmas estivales, el Gran Hotel parece zarpar de nuevo como un imponente trasatlántico, anclado con elegancia sobre un mar de serenidad amena.
En este atracadero de la razón se convoca la octava edición del cónclave, bajo la capitanía de Amancio López Seijas y con una tripulación al mando integrada por Carlos López Blanco y Carmen Martínez Castro, para erigirse en una oportunidad permanente de diálogo ibérico, iberoamericano, europeo y mundial. Frente a la agitación y las nieblas del mundo contemporáneo, el encuentro reúne a presidentes, exmandatarios, ministros, académicos, comunicadores y líderes empresariales con el propósito irrenunciable de traicionar el pesimismo. Voces preclaras se dan cita en los salones del histórico balneario para escrutar los grandes desafíos de las democracias liberales, la inteligencia artificial, la defensa y los equilibrios geopolíticos del multilateralismo.
Desde los ventanales de este suntuoso recinto, mientras la ría despierta y las mariscadoras se afanan en las bajamares para surtir a la Festa do Marisco, el Foro se asoma al mundo como una cofa desde la cual otear nuevos horizontes. La marejada global exige faros potentes, y aquí, entre las aguas mineromedicinales que brotan de las entrañas de la isla, fluye también un manantial inagotable de argumentos y propuestas. No es casualidad que este rincón insular, unido a la península de O Grove por su histórico puente, sirva de anclaje para debatir sobre la autonomía de Europa y la resiliencia democrática. La bruma atlántica, lejos de ocultar el panorama, invita a una introspección necesaria, a un recogimiento intelectual que luego se expandirá hacia el exterior con la fuerza esclarecedora de la palabra.
En esta navegación incesante, Galicia y Portugal reafirman su hermandad oceánica, proyectando desde la proa de este navío de ideas un mensaje de unidad que trasciende fronteras. La cultura del diálogo actúa como un bálsamo, al igual que los legendarios barros y el fango termal aliviaban antaño los males corporales. Hoy, la isla se erige como un sanatorio para las incertezas de nuestro tiempo, entre otras la de la IA, consolidando un eje de pensamiento estructurado, relajado y capaz de influir de manera determinante en nuestro destino colectivo.
La concesión del Premio Josep Piqué al ex presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, enaltece una trayectoria dedicada a la defensa del vínculo atlántico y de las instituciones representativas. Este galardón resuena como un eco del afecto fraternal entre pueblos hermanos, reafirmando que el entendimiento y el respeto mutuo son posibles cuando la tribuna se eleva por encima de la discordia y se busca sinceramente al otro.
En este refugio donde la salud y el sosiego son herencia centenaria, la singladura intelectual encuentra su timón certero. La isla se convierte así en un faro de luz y concordia, un espacio propicio para la reflexión donde el pensamiento cruza los océanos para recordarnos que, al menos en este Foro, el prójimo siempre existe y nos interpela con profunda esperanza. El otro existe.
Alberto Barciela
Periodista



