
La crisis de Ceuta fue analizada desde muchos ángulos, pero la rabiosa actualidad obliga a volver sobre ella porque deja enseñanzas que, como ciudadanos, debemos conocer.
Primero, la entrada masiva en Ceuta, más que un episodio migratorio, es un drama humano de miles de marroquíes -y de muchos subsaharianos- que huyen de la miseria y de la falta de horizontes en sus países. Llegaron empujados por la desesperación, con lo puesto, muchos descalzos y todos hambrientos, arriesgando sus vidas que perdieron cerca de un centenar.
Esta ”inundación migratoria” (García-Margallo) proyecta una imagen desastrosa de Marruecos, un país del que sus ciudadanos huyen en masa mientras su dirigencia los utiliza como “escudos” para alcanzar objetivos políticos y es incapaz de ofrecerles un futuro. Pero este asalto a la frontera ceutí es también una muestra del fenómeno de las migraciones, un problema que irá a más, como pronosticó Sami Naïr en Y vendrán… las migraciones en tiempos hostiles, que Occidente haría mal en ignorar.
Segundo, la situación de Ceuta, víctima de esa avalancha de la que aún no ha recuperado la normalidad. Suspendió sus fiestas, cerraron comercios y empresas y se paralizó la actividad económica ante la inseguridad creada por la riada humana y por la incertidumbre sobre el futuro de la ciudad porque Marruecos sigue considerando Ceuta y Melilla “una cuestión pendiente” y volverá a intentarlo. Por eso Ceuta necesita una respuesta firme.
Tercero, la imagen de debilidad que proyecta el Gobierno español que culpa a las mafias y elogia la colaboración de Marruecos pese a que las autoridades marroquíes relajaron deliberadamente el control de la frontera.
Dice Jorge Dezcallar, exembajador en Rabat, que “a Marruecos hay que tratarlo siempre con el respeto y el afecto que merece como vecino. Pero también con firmeza. Y esa, me temo, le falta a este Gobierno”, que parece ignorar que ceder una y otra vez solo alimenta el siguiente chantaje. ¿Qué explica esa actitud sumisa del Gobierno ante Marruecos? Es la pregunta del millón.
Y Europa, que se revuelve contra el Gobierno español. Son 22 países los que consideran que la legalización masiva y una política de casi “puertas abiertas” a la inmigración tiene un claro efecto llamada. Liderados por Meloni, exigen a España mayor control de las fronteras. Es difícil entender que, por esto, el ministro de Exteriores llame a consultas al embajador de Italia en lugar de convocar a la embajadora de Marruecos.
Más preocupante que la crisis actual es la siguiente, que llegará, esta solo fue un ensayo general. Después de deteriorar los tradicionales lazos de amistad con Estados Unidos y de mantener abiertos frentes con numerosos socios europeos en materia migratoria, ¿a quién podrá llamar España cuando se produzca un nuevo asalto a la frontera de Ceuta? That is the question.



