
El viejo cura de aldea. ¿Le conocí?
Don Juan era un sacerdote muy apreciado por los niños, muchos se turnaban para ser monaguillos.
Ciertamente alguna tarde solía repartir algún caramelo entre los niños buenos y los no buenos eran buenos, tal vez traviesos.
El maestro íntimo viejo amigo, le recomendó cambiar de sotana, aquella ya no aguantaba más, el maestro conocía cosas que solo él conocía.
Muchas noches, en algunos caminos solo se veían sombras, la negra sotana se fundía en la noche.
Ricardo uno de los monaguillos, sin avisar entro en la sacristía, y se encontró a Don Juan llorando.
Él le dijo, esto sera un secreto entre tú y yo, si rompes el secreto no te doy la absolución.
El tiempo fue pasado, muchas tardes Don Juan ayudaba con los deberes de la escuela a Ricardo y alguno más.
Ricardo era de familia humilde económicamente hablando, buen estudiante, las becas de aquella época no alcanzaban, nadie sabe ni cómo ni porque, pero Ricardo, el joven Ricardo pudo estudiar en la Universidad.
O sotana nueva o aquel pupitre de la Universidad estaría vacío.
Finalizados los estudios, ya graduado de medicina, Ricardo, el Doctor Ricardo abraza al ya viejo párroco, le besa en la mejilla, el ulular del viento no permite escuchar con meridiana claridad diáfona.
Parece ser que le dijo, gracias infinitas, he tenido dos padres, por favor otra lagrima más no.
Pasados los años, cuando Dios le llamo a su lado, dejaron de verse negras sombras en noche.
Fue sustituido por caritas y la cruz roja.
Todos que fueron monaguillos niños y niñas, si, ellas también ayudaban a misa, todo recuerdan a Don Juan, como una estrella polar, un horizonte lleno de luz y sabiduría.
Los vecinos de la parroquia por una razón o por otra invitaban a comer al señor cura, un día por un bautizo otro día porque pario la vaca Marela y así todos le invitaban al buen hombre, y tal vez, algún día ayunaría, así era el bueno de Don Juan.
Dicen que él consiguió asfaltar viejos caminos, luz pública, hasta un veterinario para las 4 aldeas, y por su influencia, un pequeño centro de salud
Otros sacerdotes que le conocían decían de él que era muy inteligente y preparado, que aquí en la aldea estaba quemando su vida el debería estar en Roma, era considerado una eminencia.
Había estudiado en Roma en la Pontificia Gregoriana, centro de referencia mundial gestionado por los jesuitas
No hay estatua, o busto que le recuerde.
No, el recuerdo es esta generación que educamos a nuestros hijos en valores, monumento es el propio pueblo, todos, todos le debemos algo, la noche no habla, la noche no deja sombras.
Un día existió ese viejo cura de aldea, ¿o no?



