
Nadie quiere la guerra, mentira.
Cuando se cerró la fábrica de armas de Coruña (nombre ficticios) tanto Juan como el sobrino Pablo fueron al paro, y la hipoteca sin pagar.
En el norte de España tenemos una fábrica de armas , entre otras cosa fabrica buenas escopetas de caza, pero también bombas, que de no vender se acumular en el almacén y si no se venden, no se cobra a final de mes.
En Scranton , Pensilvania, y en los estados de Florida, Texas, y Arizona se fabrican armas, donde trabajan miles de personas si ese material bélico no se vende y se acumula , se hace obsoleto, si ese material no se vende se tendría que cerrar las fábricas, mientras que las guerras, mantiene a todos los empleados.
Los empleados no quieren guerras, pero.
Pero, decía el enterrador de mi pueblo, “yo no quiero mal a nadie, pero dios de trabajo a cada uno en lo suyo”.




