Tengo que reconocer que la semana pasada me pasé
muchas horas leyendo medios impresos y digitales,
oyendo emisoras de radio y viendo programas de
televisión. La tragedia ferroviaria de Adamuz me
hizo rebobinar sobre mis años en los que descubrí el
tren de manera continuada y, en ocasiones, viajando
en muy malas condiciones.
Me considero un gran defensor y amante del
vehículo rodado sobre raíles. El tren me ha
transportado a lugares que significaban doblar el
mapa desde mi residencia, hace más de medio siglo,
en Santiago de Compostela.
Además de llevarme a mí lo hacía también con los
sobres y paquetes en los que enviaba mis reportajes
acompañados de los testimonios gráficos y los
guiones radiofónicos para distintos programas.
Fueron muchos años bajando hasta la estación de
Compostela para aprovechar el tren correo nocturno
que pasaba por nuestra ciudad sobre las diez de la
noche y utilizar los servicios postales para que estos
sobres viajaran con destino a Ourense y Madrid y,
en una segunda etapa, a Barcelona.
Sigo creyendo, pese a los tremendos sucesos de
estos días, que el tren es un buen medio de
transporte, fiable y de gran seguridad.
En diversos artículos siempre reflejé que los
gallegos tendríamos Velocidad Alta (VEA) y que
nunca llegaríamos a pertenecer al club de los de Alta
Velocidad (AVE). El tiempo me ha ido dando la
razón pero debo constatar que el recorrido de tres
horas entre Santiago y Madrid me llena de
satisfacción. De las épocas antiguas recuerdo el tren
nocturno con compartimentos individuales y ducha
que llegaba a la capital del reino pasadas las nueve
de la mañana.
Reconozco que la velocidad que enlaza Santiago y
Chamartín suele ser inconstante y existen tramos en
los que va a mínimos y con bastante movimiento
dentro de los vagones.
Defiendo al tren pero critico, con la mayor de las
durezas que puedo hacerlo, a los políticos que nos
siguen tomando el pelo y que desvían dineros
destinados a los vehículos que circulan por los
raíles, para hacer frente a otros compromisos en
estas épocas en las que el Gobierno no dispone de
Presupuestos. La corrupción relacionada con el
funcionamiento del tren está situada en el primer
plano de la actualidad. Soy de los que creo que el
funcionamiento de este medio de transporte debería
estar en manos de técnicos profesionales del sector y
no en las de los políticos.
Defendamos al tren para que nuestro ferrocarril
vuelva a ser objeto de deseo en toda Europa. Para
ocupar este lugar fueron necesarios muchos años de
esfuerzo que ahora se van diluyendo por la
negligencia de unos políticos y de las adjudicaciones
con comisionistas incluidos- a empresas externas.
El tremendo suceso ocurrido en tierras andaluzas
tiene que hacernos reflexionar a todos. Y los
primeros tienen que ser los dirigentes por su gestión
pasada y por cómo están intentando explicar lo que
ha sucedido con los dos trenes de alta velocidad. Es
necesario, metafóricamente, que se sigan levantando
alfombras para que se sepa hasta donde pudo llegar
la mala o nula gestión y la corrupción en las obras de
mantenimiento, y para que los ciudadanos
conozcamos toda la verdad, tan necesaria en estos
momentos.
El ministro Óscar Puente y sus altos cargos deberían
dimitir, y si no lo hacen deberían ser cesados aunque
es algo muy improbable y que no está en los planes
del presidente Sánchez. El Ministerio de Transportes
necesita sabia nueva, integrada fundamentalmente
por auténticos profesionales, y no personas que en
vez de gestionar pásan demasiado tiempo en las
plataformas de las redes sociales criticando a los
demás.
Javier García Sánchez




