
He recorrido y vivido en muchas ciudades, una docena de países prósperos y pobres, dictaduras y democracias, de todos por una razón u otra me enamore, y guardo bellos recuerdos.
Pero una ciudad bellamente hermosa, y permítanme la redundancia, sin duda alguna es Santiago de Compostela.
Es tan fácil enamorarse de ella.
Es una ciudad con varios parques grandes y pequeños, con sus lagos y su vida. Ultima, reciente regalo, cerca de casa el parque Berce do Sar, un lago de 8.600 metros y todo el parque 10 hectáreas
En el centro de la ciudad su Alameda, en el siglo XII el arzobispo Gelmírez mando construir una iglesia para guardar las reliquias de santa Susana.
La embellecen unos 300 robles. En 1546 Rodrigo Moscoso Osorio y Álvarez de Toledo IV Conde de Altamira dono las tierras de la Alameda unos 56.000 metros cuadrados.
Podíamos dividirla en tres partes, Carballeira santa Susana, paseo Ferradura, y paseo de la Alameda.
En su recorrido puedes hablar con Rosalía de Castro, allí en lo alto permanece mirando, con su mirar de añoranzas el campus sur, bajando la iglesia de santa Susana , esta Federico, García Lorca, nuestro Federico, puedes discutir hoy con Valle Inclán, con su temperamento guardado, o hablar viejas memorias con aquellas lecheras que desde la aldea bajan a la ciudad, con sus frutos frescos.
Por el centro de la ciudad puedes disfrutar de viejos casones que un día fueron señorial, o disfrutar en unas antiguas caballerías de un pazo barroco, un Pub de más de 50 años, donde en mi juventud, podías libremente recitar poesías a quien escuchase, o dejar al vientos las cuerdas de tu guitarra.
Sus Universidades.
Colegio Fonseca siglo XVI Medicina 1.648, Geografía e Historia XVIII.
Vivir unos años entre esas piedras preñadas de historia, de recuerdos, de vidas ejemplares, vivir la universidad Compostelana, hoy no es antaño, pero en el aire queda, se respira.
Hoy no puedes ver pasar a las Marías, las dos en punto, pero si puedes vivir el recuerdo, desde 1994 con la obra de Cesar Lombera, allí están ellas con su típico colorido.
En aquel tiempo, eran en mi opinión toda una revolución, rompían los cánones, para protegerlas del invierno, las cobije en mi casa, como muestra la foto, a ellas y a las lecheras, al campo que alimenta la ciudad.
Esto un brevísimo resumen, de la ciudad que amo





