“Funeral de Estado y vida en el más allá”. José Fernández Lago

06 Novembro 2025

El miércoles veintinueve de octubre de los corrientes ha tenido lugar un Funeral de Estado, con motivo del primer aniversario de más de doscientos veinticinco muertos, como consecuencia de la dana sufrida en algunos pueblos, más que nada de la provincia de Valencia. Asistieron alrededor de ochocientas personas, entre las que se encontraban, además de bastantes familiares de los fallecidos, los Reyes de España, el Presidente del Gobierno, Presidente de la Generalitat Valenciana, alcaldesa de Valencia, algunos ministros, diversos miembros del Parlamento y otros representantes de partidos políticos o de gobiernos locales.

Al ver que el acto en memoria de los fallecidos no se tenía en un templo, sino en el Museo Príncipe Felipe de Valencia, me ha venido a la mente el pensar que algunos de los responsables de ese pronunciamiento tenían cierta prevención contra las celebraciones cristianas, mientras que otros de los asistentes aceptaban aquel estado de cosas, por consideración para con los primeros. No es que mi propia reflexión me convenciera del todo, pues, siendo el pueblo valenciano en su mayoría católico, se les iba a privar a las víctimas de tener un funeral de súplica al Señor que proporcionara el eterno descanso a esos seres queridos, ya difuntos. Sería un acto litúrgico, quizás presidido por el Arzobispo de Valencia, en el que, lejos de quedarse en una conmemoración más o menos pacífica de un acontecimiento colectivo, se pidiera a Dios que acogiera con mimo a tantas personas fallecidas de modo inesperado.

Buscando la posibilidad de existir otras razones para haber elegido ese funeral civil y haber desechado por ello la celebración religiosa, he tenido en cuenta lo que había percibido el año pasado y lo que he observado el pasado miércoles en la celebración del funeral de Estado. Cuando, a los pocos días de la dana, acudieron a esos pueblos de Valencia Su Majestad el Rey y el presidente del Gobierno, los abucheos recibidos por este último le hicieron abandonar aquel lugar, en el que permaneció en cambio el Rey.

A la luz de lo que he oído a algún militar, refiriéndose a las muchas posibilidades que tenían de ayuda, junto a la pequeña respuesta del Ministerio del Ejército, a pesar de los diversos cuarteles, con numerosos militares en Valencia y en Cartagena, sin necesidad de ir más lejos; y, por otra parte, en cambio, la pronta ayuda que se le ofreció en su momento a Marruecos, con el apoyo expreso de la ministra del Ejército, he llegado al convencimiento de que esos abucheos estaban más que justificados.

En cambio, quien fue abucheado en el propio funeral, y no digo que no mereciera un rechazo de los familiares de las víctimas, aunque en otro momento más oportuno, fue el presidente de la Generalitat valenciana. Entonces me pregunto: ¿Sería el Museo Príncipe Felipe el lugar más indicado para abuchear al Presidente de la Generalitat, sin hacerlo a la vez al Presidente del Gobierno, mientras que sería menos propicio para los abucheos la Catedral de Valencia? Y, en caso de ser así, ¿podrían imaginárselo los responsables de elegir una sede o la otra para celebrar el Aniversario, conscientes del resultado de su opción?

Una reflexión que podría convencer a otras personas era que había algún agnóstico entre los personajes importantes, que prefería tener un funeral laico. ¿Y creen que esa sería una razón suficiente para tal elección, cuando los familiares de las víctimas eran en su casi totalidad católicos? Y, aunque algunos de estos no practicaran a diario su fe, ¿no creen que, tratándose de familiares fallecidos, no renunciarían a hacer sufragios, por si les servía de ayuda en el más allá?

Hay algo más que deseo dejar patente, de lo que no dan cuenta los medios de la radio y la TV, pero que he logrado saber por medios más privados. Es la ayuda de algunos eclesiásticos en los trabajos de reparación de las consecuencias de la dana, y lo que el Arzobispado de Valencia ha programado para los días de alrededor del Aniversario.

He visto en las redes el año pasado a algunos sacerdotes y al propio Arzobispo, con sus pantalones y zapatos llenos de barro, por echar una mano a los afectados. Sin embargo, no he llegado a ver una imagen de estas personas, tan comprometidas con sus feligreses o diocesanos en los medios de difusión. Yo no diría que les pusieran un pedestal para mostrárnoslos; pero tampoco era justo el excluirlos, pues, como tantos otros voluntarios, también ellos estaban allí.

En lo que respecta a los muchos actos litúrgicos de aniversario organizados en los diversos templos, tampoco se ofrece noticia de ellos en los medios ordinarios de difusión. ¿Creen Vds. que eso es justo, en una sociedad formada por una mayoría cristiana?

Sin embargo, la mayor parte de los familiares de los muertos a causa de la dana, no se conformarán con lo que, desde el Gobierno español, se ha ofrecido. Ellos participarán en algún funeral de aniversario celebrado en uno de los templos del entorno, e incluso irán a hablar con el sacerdote, para que ofrezca alguna Misa por el eterno descanso de sus familiares que han perdido su vida hace un año. Saben muy bien los cristianos que, lo más importante para los difuntos, es unirse en la súplica al Señor por los que han salido de este mundo, para que alcancen la felicidad que solo Dio les puede dar. A su lado, el “minuto de silencio” o un acto de solidaridad y reconocimiento de la importancia de quien se ha muerto, les sirve a ellos de bien poco.

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