Designa una peregrinación de autistas italianos. No serían los únicos autistas de ayer domingo, pues al salir de la Misa de Doce en San Pelayo, una señora se acercó con su marido y su hijo, pidiendo que los bendijera, pues el niño que llevaba en brazos era autista.
Este encuentro, tenido un poco antes de la hora de comer, lo consideraría yo por la noche como el precedente de otro más numeroso y con la exquisita sensibilidad de uno de los aquejados por la enfermedad que peregrinaron a la Catedral para asistir a la Misa de siete y media y hacer en ella una invocación al Apóstol Santiago.
Para la invocación aparecieron dos chicos. Uno de ellos, español residente en Italia, iba corrigiendo y sugiriendo palabras en nuestra lengua, al chico autista que proclamaba en castellano las súplicas al Apóstol Santiago. Ha sido una invocación deliciosa, hecha en la lengua de Cervantes por un chico que representaba a otros muchos de una situación semejante. Por supuesto, la primera respuesta mía, en condiciones de presidente de la Celebración, fue en italiano, a lo largo de dos o tres minutos, antes de comentar las lecturas de la Misa para un millar de personas participantes. Al concluir la invocación, y sobre todo al final de la Eucaristía, el encuentro con él fue especialmente afectuoso. Aquel joven me abrazó con cariño, y me pidió que saludara a su madre, cosa que pude hacer junto a la sacristía, una vez liberado de las vestiduras litúrgicas. Allí estaba un grupo numeroso de esos peregrinos; y no solo saludé a la madre de aquel joven, sino a todos ellos. Estos, todavía no satisfechos con un saludo lleno de afecto, me pidieron que me situara junto a ellos para hacer unas fotos, no menos de seis o siete. En realidad, estaban pidiendo que los abrazara a todos.
Y ahora puede preguntarse el lector por qué cuento lo referente a esta peregrinación de personas que afrontan su existencia con más dificultades que otros seres humanos. Lo digo porque he leído en los medios de difusión esta noticia, indicando la asistencia de algunas Instituciones civiles a lo largo del Camino Francés, que unos y otros habían pasado por Melide y por Arzúa, y que su peregrinación culminaría con la llegada al Obradoiro el domingo 31 de agosto.
Quisiera advertir que no hay ninguna peregrinación que culmine en la Plaza del Obradoiro. Decía Dante Alighieri que, entre los caminantes, eran romeros los que hacían el camino que conducía a Roma, lugar de sepultura de San Pedro y San Pablo; palmeros, los que se dirigían a Jerusalén; y peregrinos, los que realizaban el camino que conduce al santuario donde reposan los restos del Apóstol Santiago, un lugar muy cercano al Finisterre. Quien desee alcanzar tan solo la Plaza del Obradoiro, podrá ser un caminante digno de respeto, pero nunca un “peregrino”. Tampoco es “peregrino” el que realiza el recorrido desde un lugar del Camino de Santiago hasta Finisterre: no en vano se denomina “Camino de Santiago”, y en ningún caso “Camino de Finisterre”, aunque sea hermoso el dirigirse a Finisterre, aprovechando la cercanía en que se encuentra de ese lugar el santuario del Apóstol, que es el final del Camino.
Digo todo esto porque, según crece el número de agnósticos, crece también la tendencia a aprovecharse del camino de peregrinación desproveyéndolo de su sentido religioso, como también el anunciar fiestas de un Santo que goza de mucho reconocimiento, para señalar los aspectos lúdicos que un lugar organiza, silenciando lo que es más propio de esas fiestas religiosas.
En una palabra: vengan peregrinos autistas, miembros de la Asociación contra el Cáncer, jóvenes o viejos de uno u otro tipo, hagan invocación al Apóstol o recen al Señor en el santuario, sea en grupo o visitando al Santísimo en la capilla que lleva su nombre o confesando sus culpas para ser liberados de sus pecados. Sin embargo, no se conformen con quedarse en el Obradoiro si quieren ser verdaderos peregrinos, como no se olvidan de recoger la Compostela en la Oficina del Peregrino, si quieren que se reconozca documentalmente el camino que han realizado desde el comienzo hasta el final.



