Galicia arde: la política forestal y la repetición de una tragedia anunciada”. José Luís Calo

10 Agosto 2025

Quiero iniciar este artículo reconociendo el trabajo incansable de quienes luchan
contra el fuego: ciudadanos, bomberos forestales, brigadas, agentes de medio
ambiente, técnicos de extinción, militares y cuerpos de seguridad. Ellos son la
última defensa ante una amenaza que cada verano devora nuestros montes y
pone en jaque a comunidades enteras.
Galicia vuelve a ser el epicentro de los incendios forestales más graves de España.
Las preguntas se acumulan: ¿Por qué siempre aquí? ¿Por qué no se pone
solución? ¿Por qué repetimos los mismos errores? Desde hace décadas, Galicia
ha sido el campo de pruebas de un modelo forestal que prioriza los intereses
económicos sobre el equilibrio ecológico. La Xunta de Galicia ha favorecido
proyectos de celulosas como Ence o Altri, declarando estratégicas sus
inversiones, modificando la protección de terrenos y concediendo autorizaciones
ambientales que allanan su expansión. Aunque la Ley de Montes de Galicia
establece normas para la prevención de incendios y la gestión forestal, no prohíbe
el eucalipto, una de las especies más inflamables. Tal vez ha llegado el momento
de poner fin a este sinsentido: si sabemos que el eucalipto es un riesgo, ¿por qué
seguimos permitiendo su plantación masiva? El avance de los incendios este
verano ha sido feroz. La combinación de temperaturas extremas, viento y sequía
prolongada ha generado un cóctel explosivo. Los montes están repletos de
maleza, la vegetación seca se acumula como pólvora, y la acción de pirómanos o
personas con enfermedades mentales añade un elemento impredecible a la
ecuación. A esto se suma un incumplimiento sistemático de la obligación legal de
mantener limpios los terrenos. Muchos propietarios no limpian sus fincas, ya sea
por desconocimiento, desidia o falta de recursos. El resultado: un terreno fértil
para que el fuego se propague sin control.
«Falta de prevención, falta de medios»
Las autoridades han tenido que activar niveles de emergencia en municipios
donde las llamas han llegado a las puertas de las viviendas. Sin embargo, las
carencias del sistema de prevención y extinción se han hecho evidentes: falta de
recursos humanos, escasez de medios aéreos, equipamiento insuficiente y una
coordinación mejorable entre administraciones.
No hay suficientes campañas de concienciación ciudadana, y la educación
ambiental brilla por su ausencia. La prevención no se improvisa: es una inversión
a largo plazo, no un parche de última hora cuando ya arde el monte.

El político no aprende
En junio publiqué una reflexión titulada “El político no aprende”, donde exponía
una verdad incómoda: ningún político quiere admitir que se equivocó. Y así, año
tras año, volvemos al mismo punto. Galicia sigue enfrentando la temporada de
incendios con falta de planificación, recursos insuficientes y una política forestal
caduca.
Allá por los años 50, la administración optó por introducir especies foráneas —
pinos primero, eucaliptos después— sin prever las consecuencias. Hoy pagamos
las consecuencias de esa decisión: un ecosistema desequilibrado, altamente
inflamable y mal gestionado.
La política como problema, no solución
Una política equivocada genera políticas públicas erradas, y estas,
inevitablemente, producen malos resultados. La política, que debería
protegernos, se ha convertido en un arma de doble filo: promete soluciones
mientras crea nuevos problemas.
La tragedia de los incendios en Galicia no es una fatalidad inevitable, sino el
resultado de decisiones políticas, económicas y sociales concretas. Cambiar este
rumbo exige valentía, compromiso y voluntad de romper con los intereses que
alimentan este modelo forestal. Si no se hace ahora, volveremos a escribir este
mismo artículo el próximo verano. O antes.

Por / JOSÉ LUIS CALO
COORDINADOR UCIN GALICIA

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