No mencionaré la palabra.

Allá por los años 80, siglo pasado, cuando yo estudiaba psicología en la USC, solo había un libro de referencia, el de Emile Durkheim, padre junto a Max Weber de la sociología.
Hoy tenemos muchos libros, buenos libros sobre la temática.
Hoy en muchos institutos de enseñanza secundaria hay psicólogos, y hacen falta.
El árbol se desprende de hojas, las hojas caen al césped y mueren alimentando la tierra, pero el árbol aguanta el otoño depredador, sufre la sequía del verano, aguanta el frio invierno, en la esperanza, que pronto llegar la primavera y volvera a florecer.
Pero no todos los seres vivos piensan así.
Hay quién no aguanta, al estar ciego, y no ver el mañana, o simplemente no desean ese mañana de sufrimiento, dolor e impotencia.
Hay árboles machos y hembras y para polinizar necesitan estar en compañía, sin esa compañía no hay vida.
Los seres igualmente necesitan compañía, malo, alarmante, aquel ser que viva una vida solitaria, no buscada, sino impuesta, por deficiencias de uno mismo.
El ser humano no es una isla, necesita vivir en sociedad.
Antes que se derrumbe la árbol, este avisa, hay señales que a veces no vemos.
Cuando un humano, comenta que esta vida no vale la pena, que es un valle de lágrimas, que esto es insoportable, que es un infierno.
Ojo, puede dejar de ser, Ser.
Cuando uno ve no futuro, no ya incierto, sino un futuro sin solución, y llega a vivir una vida de estrés.
Las químicas del cerebro, se desequilibran, pierde estabilidad mental, y ahí surge el problema, que a veces, no vemos.
Todos, un día u otro, somos como trapecistas, unos saben aguantar el equilibrio, otros no, y se caen, si no hay red de protección, que en este caso son los psicólogos, los psiquiatras, o un buen par de amigos, estos últimos son muy influyentes y beneficiosos, puedo hablar en singular, ya que el plural no suele ser muy abundante, pero tener un buen amigo es una fortuna.
No recuerdo quién dijo, “la salud mental es el equilibrio de las pasiones”.
Amas a tus padre, tu esposa, tus hijos, eso bien afirmas en serenidad, pero ese día pesa más tu dolor, que el amor a tu familia, y no eres tú, es ese yo ajeno, que ciega, arrebata, es ese diablo asesino que nubla la mente.
Y a veces hay amigos, que te dicen aquí estamos, porque hay amigos que son como la sangre acuden raudos a la herida.
Escuchar es de vital importancia, hay palabras que generan milagro, como la dulce palabra de la Doctora o la de un eficaz buen amigo.
“No te vayas, quédate, en mi casa hay un espacio, no lo dejes vacío”
Pudiera ser la frase de una peli, o de un noble sentimiento.



