
La dejadez que está sufriendo la capital de Galicia, está degenerando
en todos los sentidos, oscura , sucia , insegura, pintadas , parques con
jeringuillas , escasez de medios policiales … es inadmisible que una
ciudad que fue declarada en 1985 Patrimonio Cultural de la
Humanidad por la Unesco se encuentre en esta situación. Es hora de
que el gobierno municipal deje de dar la espalda al Ensanche-Sar, Conxo,
Campus sur-Santa Marta, Casco Histórico, Concheiros-Fontiñas, Castiñeiriño-
Cruceiro do Sar, Campus norte – S. Caetano, y San Lazaro-Meixonfrio. La
mayoría de ellos llevan décadas sufriendo incumplimientos y un
abandono absoluto por parte del Ayuntamiento de Santiago. La
historia de la ciudad está marcada por compromisos que se perdieron
en los cajones de Raxoi, los últimos años están siendo especialmente
duros para la ciudad. No nos extraña para nada. Simplemente porque
Santiago acumula desde hace unos años, un amplio listado de
compromisos públicos incumplidos, de promesas de proyectos que
nos iban a dar un impulso, que finalmente han quedado en la nada y
que han provocado la desazón y, sobre todo, la indignación de los
ciudadanos. Los que nos gobiernan y gobernaron PP, PSOE, BNG y
demás nos acercan el dulce a la boca y lo retiran antes de poder
morderlo. Ahora lo sufrimos con Goretti Sanmartín (BNG),
“embaucadora” como definición de “la persona que engaña a alguien
con palabras, ofreciendo o prometiendo cosas que no puede o no
piensa cumplir”. Política y mentira, no siempre, pero suelen ser amigas
y conocidas y lo está demostrando día a día el gobierno municipal. La
ciudadanía de Santiago está cansada de esta retórica vacía y repetitiva
que nos traslada cada gobierno municipal. Las promesas incumplidas
y las constantes mentiras minan la confianza de los ciudadanos,
quienes se sienten tratados como tontos. Santiago de Compostela
merece líderes que estén dispuestos a asumir la responsabilidad de
sus acciones y que presenten proyectos concretos para mejorar la
calidad de vida de sus habitantes. En lugar de más discursos vacíos
y promesas incumplidas, es necesario un enfoque político centrado
en el bienestar de la ciudad.



