Por una serie de circunstancias que no son del caso, esta semana he tenido la
oportunidad de ver un programa de televisión que me ha dejado consternado:
“La Isla de las Tentaciones”. Parejas ponen a prueba su relación y tratan de
descubrir si sus sentimientos son sinceros. Los cuerpos bronceados y
concupiscentes de los tentadores son el instrumento para desvelar la verdad
del alma de los concursantes. Aquí, lo verdaderamente pornográfico nunca
ocurre de noche, en la piscina o bajo las sábanas, la verdadera obscenidad se
da a la luz de los focos, cuando los concursantes tratan de explicar sus
acciones.
Amor, deseo, sexo… El éxito del programa radica en unas tramas que se
construyen con el morbo que genera ver cómo se rompen parejas. El programa
busca la infidelidad y la maneja para manipular a los concursantes, mientras el
espectador se siente superior observando, criticando y hasta desternillándose
de sus contradicciones.
Se juega con los comportamientos más básicos de concursantes y público, que
caen en la trampa de una apisonadora de clichés del amor tóxico, dependiente
y superficial, que fluyen a sus anchas en las personalidades de unos
participantes muy maleables. Convertidos en iconos, estúpida palabra que se
usa para dar valor a personajes cuyo mayor mérito es vivir del cuento, están
dispuestos a todo. A buen seguro a cambio de promesas de fama, cientos de
miles de seguidores en Instagram, bolos en discoteca y la posibilidad de más
realities.
Más allá del dramatismo, seducción y morbo que caracterizan al programa, a
través de este programa se puede reflexionar sobre la manera en la que
entendemos las relaciones en una era marcada por el cambio constante y la
inmediatez.
En este contexto, los conceptos de “amor líquido” y “modernidad líquida”,
acuñados por el sociólogo Zygmunt Bauman, explican los comportamientos de
tantas parejas actuales y también las de la Isla. Bauman habla de un cambio en
las relaciones personales, donde las conexiones profundas y duraderas se han
sustituido por otras más frágiles y volátiles, que priorizan la satisfacción
inmediata y evitan el compromiso.
La dinámica del show explota la fragilidad que parece caracterizar a estas
parejas, reforzando la idea de que los vínculos son fácilmente reemplazables y
que siempre existe la posibilidad de “algo mejor”. De ello se encargan los
tentadores y tentadoras.
Las relaciones en la modernidad líquida se ven influidas por una lógica de
consumo. Al igual que con los bienes materiales, las personas tienden a
percibir sus vínculos afectivos como algo reemplazable, sujetos a la constante
búsqueda de algo mejor.
“Colleita 2026, máis galega” – Xosé González Martínez
Nunha mañá fría de xaneiro de 1936, ao pé do lume da lareira da Casa dos Ulloa, en Esposende (Ribadavia), Álvaro das Casas, escritor e dinamizador cultural do galeguismo, reuniu un grupo de colleiteiros do Ribeiro para propoñerlles a creación da Unión de Colleiteiros...



