Querido Antón, leo tu artículo de hoy “Quedan poucos anos á pesca de arrastre de
fondo en áreas protexidas” y no dejo se sorpenderme, así que lo mejor es que te haga
llegar estas observaciones, en un primer impulso argumentativo, porque, en caso
contrario, estaríamos en “modo Castelao”, con su archiconocida sentencia: “Mexan
por nos es temos que decir que chove”.
Te traslado lo siguiente, al hilo de tu artículo:
- El arrastre no pesca en zonas protegidas, que están bien identificadas, con
prospecciones de diversa índole e iniciativa por parte de los institutos
científicos de los Estados miembros o costeros. - Los patrones van a capturar peces, cefalófodos y/o crustáces, no a deteriorar
hábitats sensibles, primero porque engancharían sus redes en los mismos
(romperían y no están los tiempos para aventuras imposibles) y segundo
porque faenan en las “playas”, que como sabes vienen a ser zonas arenosas o
fangosas en las que pueden arrastrar. - La DGMARE prohibió, efectivamente, la actividad pesquera (no solo del
arrastre) en las 87 VMEs mencionadas, y lo hizo en aplicación de un
Reglamento del 2016, año en el que los de siempre (los que se benefician vía
subvenciones millonarias haciendo ruido) querían prohibir precisamente el
arrastre sin ser conscientes, es decir siendo del todo irracionales, del daño que
hacían [¿O sí lo eran?] a las empresas, a las tripulaciones, a todo un sector mar
industria y a la propia población de la EU, que obtiene una proteína de
excelente calidad con nulo impacto hídrico y a una relativa baja emisión de
CO2 (*). - Lamentablemente, la Comisión Europea ha hecho bastante más daño
prohibiendo la actividad pesquera en esas 87 zonas – VMEs – que si lo hubiera
hecho solo para el arrastre (que ya no trabajaba en ellas, por simple
imposibilidad física). Lo malo, igualmente lamentable, es que sus responsables
no lo saben. - La pesca de arrastre se desarrolla en lo que denominamos caladeros, en las
“playas”, siempre sobre fondos arenosos o de fango, en los que se capturan
especies planas (imposibles de capturar con otros artes de pesca) tipo gallo,
lenguado, mendo, solla, rodaballo, pero también rape, merluza (esta no está
en contacto con el fondo marino sino muy cercana al mismo), y otras muchas
que aunque no sean especies objetivo entran en los aparejos de arrastre,
como el pulpo, por ejemplo. Hablaríamos entonces de “selectividad” para
reducir su captura. - Podría señalarte algunos de los objetivos de desarrollo sostenibles, entre los
que la eliminación del hambre en el mundo ocupa uno de los puestos
principales. Cabría preguntarse si los que van contra el arrastre por un interés
meramente crematístico lo hacen para “facilitar” que la población europea
consuma insectos [la COM ha publicado recientemente un par de reglamentos
para facilitar que consumamos, en distintas presentaciones, el grillo común y,
por si fuera poco, el mismísimo escarabajo del estiércol, cuya ingesta
ocasionará no pocos problemas de salud, constatados (**)]. - Las autoridades europeas tienden a ser del todo fariseas, ocultando a la
población, por ejemplo, que el coche eléctrico contamina mucho más (a lo
largo de toda su vida útil y teniendo en cuenta los procesos productivos y
recuperación de materiales, muchas veces imposible) que los de gasoil. Con el
sector pesquero sucede lo mismo, pero ampliado por los medios [lo del coche
eléctrico no, que es negocio, con solo 4.000.000.000 de coches a sustituir en
el planeta]. ¿Qué contamina? Sí, como todo lo que quema combustibles
fósiles, aviones privados incluidos [unos 400 por cumbre climática, un
escándalo]. ¿Qué tendremos que hacer al respecto? La solución no pasa por
parar el mundo y someterlo a hambrunas, sino mejorar las tecnologías que
permitan mantener la actividad económica y social, en nuestro caso la pesca,
sin que se nos condene a la inanición. - Con respecto a las puertas de arrastre, que se desplazan sobre los fondos
marinos arenosos o fangosos, convendría tener en cuenta, por mucho que le
llame la atención aquellos que redactan las normas, que “labran este tipo de
fondos marinos”, permitiendo que haya vida ictícola en los mismos. La
experiencia del sector (por ejemplo, en Porcupine Bank, cigala, y otros
caladeros) demuestra que cuando no se trabaja una zona, debido a vedas
temporales o a desplazamientos de flotas, el fondo se endurece, crecen la
algas y salvo cuatro peces de paseo, nada puede hospedarse bajo la arena,
que se ha endurecido. - Creo, Antón, después de muchos años abordando estos temas con patrones
y armadores (también con algún representante de ONG razonable, sobre todo
aquellos con experiencia de campo, en caladeros) que es hora de la DGMARE
de la Comisión Europea haga las cosas con sentidiño, y no coaccionada por
grupos de presión que representan intereses económicos tan potentes que
quieren quedarse con la lámina de agua que desde tiempo inmemorial ha
utilizado el sector pesquero (para traer alimento de calidad a tierra), además
de querer condicionar a la opinión pública, que está en otros asuntos y no en
los pesqueros. Resulta clamoroso el silencio atronador de aquellos que
atacando la pesca, especialmente el arrastre, no dicen nada o muy poco, de
determinadas explotaciones en los mares (eólicas y fotovoltaicas incluidas)
cuando se explotan los fondos marinos de forma tal que los hábitat jamás se
recuperarán, y que, salvo los dos mencionados, no quiero nombrar,
precisamente por su potencia económica. - Como me decía un ex ONG, “El negocio está en el problema, no en la
solución”.
Hugo González, en Vigo, a 26 de agosto de 2024,
() La “milonga” del CO2 habría que revisarla, porque, oh, vaya por Dios, es precisamente lo que respiran los árboles para devolvernos oxígeno que, de nuevo, oh, vaya por Dios, es lo que respiran los humanos. (*) Lo del consumo de la “carne sintética” [que promocionan los ultra millonarios
de siempre, esos que dicen que el gas metano que expulsan las vacas contribuye al
cambio climático, no el de sus jets privados, por supuesto] es una historia muy
parecida, cánceres provocados incluidos.



