Galicia derribó el muro”. Juan Salgado

19 Febreiro 2024

Galicia acudió el domingo a las urnas haciéndolo una vez más como acostumbra, sin
aspavientos y bajo la misma credencial de previsibilidad con que lo había hecho en las once
convocatorias autonómicas precedentes: Exceptuando la primera de la Autonomía y también
de Albor que ganó pero por la mínima, nueve de ellas –cuatro de Fraga, otras tantas de Feijóo
y la de Rueda- logradas con mayoría absoluta, una –la del Bipartito- a sólo un escaño de la
mayoría que le permitiera gobernar y otra más -la segunda de Albor- a sólo dos escaños,
aunque repitió al frente de la Xunta.
Mirado, pues, con la perspectiva de esos más de ocho lustros -¡éstos sí, señor ministro de
Cultura!- el resumen es que con excepción de esos escasos siete años –Laxe más Bipartito-, los
restantes treinta y seis el PP gobernó Galicia y casi siempre con mayorías holgadas.
Por eso cuantos análisis se hagan obviando lo que, más que imaginable, es predecible chocará
con la dinámica de un comportamiento que se mantiene firme en el tiempo y que, lo decíamos
días atrás, no quiere más saltos en el vacío que aquéllos que garanticen el seguro aterrizaje en
la protectora red de la cordura. Del “sentidiño”.
Quedan aún muchos días de interesados análisis de los politólogos bajo nómina y de las
propias formaciones tratando de explicar por qué dos más dos son cuatro o lo que llaman ese
extraño atavismo a que estamos condenados los gallegos de sucumbir a la “maquinaria” del
PP, cual sumisos esclavos bajo el pesado pie de las derechas. Sin embargo, el comportamiento
de los gallegos es tan reiterativo y adivinable que hasta el presidente de la consultora de
investigación social GAD3, Narciso Michavila, que clavó los resultados, dio las gracias a los
gallegos por su sinceridad a la hora de responder a las encuestas.
Pero, lo dicen los partidos perdedores, el PP ganó según el líder de Vox por la complacencia de
los populares con el BNG, “la estafa política” y por la ley electoral; el PSOE –una nuevo borrón
en el particular historial de Lage Lage- asegura desde Madrid que le “faltó tiempo” para dar a
conocer (¿?) a un candidato que había sido nada menos que secretario general de la formación
en Galicia (2013-2016), presidente de la Diputación de Lugo (2007-2015) y Delegado del
Gobierno en esta comunidad (abril-julio de 2023). A la “falta de tiempo” recurre también
Sumar, creado por la más que conocida en Galicia Yolanda Díaz y encabezada por la hasta hace
poco portavoz de la formación en el Congreso y concejala en Santiago, Marta Lois. Y el BNG, en
fin, por la “mentira”, la “manipulación” y la utilización torticera de los medios públicos. Ese es
el nivel de autocrítica. Pues si lo dicen ellos… amén.
Cierto es que estas elecciones gallegas se desarrollaron en medio de un irrespirable clima de
contaminación por parte de quienes las querían leer exclusivamente en clave nacional. Ello
posibilitó el mayor despliegue habido nunca de la prensa del “movimiento” sanchista, la
abnegada entrega del “equipo de opinión sincronizada”, como se bautizó -¿Carlos Herrera?- a
los apesebrados periodistas de La Moncloa y que TVE los trajera a opinar al Obradoiro, por si
aquí no había politólogos “dóciles”. Y hasta la televisión autonómica, en un especial
informativo que sus presentadores hicieron brillar a gran altura, acogió excepcionalmente a
uno de esos sabelotodo para que María Bastida –una vez más tan certera en sus análisis- no le
dejara pasar ni una de las proclamas/relatorio del superministro Bolaño.

Y sí, aunque interpretadas por el electorado en clave exclusivamente gallega, los votantes no
se resistieron a mandar los necesarios “recados” de respuesta a esa pretendida relevancia
externa. Por un lado, a ese “amerizaje” a lo Normandía de Sánchez y todo su Gobierno en la
campaña reduciendo al PSdeG a la mayor de sus irrelevancias, aún a costa de trasvasar casi
milimétricamente los escaños perdidos al BNG -¡Ojo UPG!, son prestados-. Por el otro, dejó
constancia una vez más –lo había hecho ya antes- de su frontal oposición a las fuerzas
rupturistas –Vox, Sumar, Podemos-. La primera de éllas desnortada en su errático camino
hacia el abismo y las otras dos, coadyuvantes, con Sánchez, en la construcción de ese muro de
intransigencia frente a la derecha que el tan democrático presidente prometió en sede
parlamentaria llevar a cabo.
Y sí, Galicia derribó el muro.

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