Esa verdad que me vas a decir es algo que te alegra el día a ti y a mí me hace daño, esa verdad es desconocida para mi o yo ya la conozco.
Mas que verdad es un sincericidio.
Si vas a hablar de mi alopecia te diré tengo espejo, me veo cuando lavo los dientes, por cierto, vosotros los sinceros del alma que os dedicáis a repartir verdades, cuando laváis los dientes deberíais lavar la boca, concretamente la lengua, la lengua también hay que lavarla, es miserable, bochornosamente miserable dedicar la vida a propagar la verdad oculta en el sincericidio.
Lo que tu habla de mi prole estarías dispuesto a escuchar lo que yo puedo decir de tu prole y de ti, con hechos reales.
Parecéis carteros, tales como aquellos “ ulululan entes islámicas por los acantilados”, es que ni la dejáis descansar, sin encomendarte ni a dios y al diablo, a repartir palabras esdrújulas sin el menor reparo, sois huérfanos de vida, ni vivís ni dejáis vivir.
Te diré, o mejor dicho que te lo diga Sócrates.



