
Creer o descreer, ahí reside la diferencia entre la esperanza y la nada. Los que establecemos la otra vida como el destino de los que ya no están respetamos así la cultura milenaria a la que pertenecemos, nos reconfortamos en ella y recreamos en nuestra memoria aquello que permite sobrevivir a nuestros ancestros, familiares y amigos.
Ellos son en nosotros y nosotros seremos en la evocación de los que amamos. El otro existe así para siempre, no nos hacen falta culturas mercantiles importadas, comerciales, impostadas, nos llega con nuestra fe y la respetuosa memoria de los que con anterioridad supusieron un necesario eslabón de vida.
A ellos dedicó la reflexión personal y todo mi cariño en estos Días de Todos los Santos y de los fieles difuntos. Ellos viven en mí y en la esperanza de una religión, la cristiana, que me ha otorga la fe en un reencuentro que en cierto modo ya se reproduce cada día. Ese es el verdadero milagro del amor, esa es mi fe y esta es mi oración de palabras.
Buen día, Bellas evocaciones. Paz y bien.



