
Jaime ANTÓN VISCASILLAS. Teniente de Navío (Reservista voluntario)
“Tonelada”.
Con este singular y cariñoso apodo por su enorme corpulencia fue conocido por muchos un gran marino español, héroe del naufragio del vapor Santa Isabel (1921) y protagonista legendario de innumerables méritos en la mar y en pro de sus gentes. Su nombre D. Luis Cebreiro López (1894-1969), ferrolano de nacimiento y viveirense de adopción, que dedicó su vida entera -en cuerpo y alma- al servicio de sus semejantes.

Competente y eficaz capitán de la Marina Mercante y capitán de corbeta de la Armada (jefe asimilado a CC, procedente de Servicios Marítimos), don Luis Cebreiro fue uno de los marinos más condecorados de todo el siglo XX. Su estela, imperecedera en los anales de la historia marítima española, continúa muy presente en la villa de Viveiro (Vivero, Lugo) donde sirvió como Ayudante de Marina durante más de dos décadas.
Precursor del salvamento marítimo, salvó a decenas de personas en la mar y fue artífice de múltiples iniciativas para dignificar las condiciones de vida de los marineros de toda condición; fundador en Viveiro de los Flechas Navales con escuela propia para la formación de hijos de marineros (con cursos para patrones y maquinistas de litoral entre otros); creó también el Hogar del Marinero para jubilados, “comedores y ropero para niños y marineros sin recursos”; promotor de la luz eléctrica para el puerto de Bares; mediador en la construcción de casas sociales para marineros en Atalaia, Cha y Pénjamo… y un sinfín de beneméritas obras por él capitaneadas. En el ámbito de la historia naval, don Luis fue también precursor del rescate del pecio de la fragata Magdalena (hundida en 1810 junto al bergantín Palomo en la ría de Vivero) en la primavera de 1941, iniciando así el camino de su tardía recuperación más de tres
décadas después, restos que hoy se conservan en el Museo Naval de Ferrol.

La noble villa de Viveiro, fiel a su recuerdo indeleble, le dedicó una avenida con su nombre y una placa-resumen de su vida en su honor frente a la hermosa playa de Covas, donde también y con otro bello monumento se recuerda a los náufragos de la Magdalena. Y terminamos esta breve semblanza del gran hombre que fue, nuestro bondadoso Toneladas, querido y respetado por cuantos le rodearon a lo largo de su intensa vida, recordando un pasaje de la habanera “Sons de Celeiro” compuesta en memoria de tan ilustre marino:“(…) Por la rosa de los vientos, aprendimos tus alumnos el arte de navegar (…)”.




