“El contrapeso de la prensa”. José Castro López

Lo más parecido al éxtasis es un café con leche, un croissant y un periódico para leer o una radio para escuchar a primera hora de la mañana las noticias de nuestro pequeño mundo y de la “aldea global”. Es el placer del reencuentro con la historia diaria de nuestras grandezas y miserias.
Lo relevante es que la existencia de medios plurales e independientes es consustancial a la democracia. “Son los guardianes de la democracia”, dice el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. “Las democracias, dijo el Rey en el acto de los Mariano de Cavia, precisan de un periodismo libre y comprometido con la verdad”. Seguro que los demócratas comparten estas palabras.
Una de sus funciones es ejercer de contrapeso del poder político reconociendo al Gobierno -también a la oposición- el trabajo bien hecho y criticando sus desviaciones y abuso del poder. En el haber de la prensa figura el descubrimiento y denuncia de casos de corrupción, un servicio impagable a la limpieza de la democracia.
Por eso, es difícil entender la arremetida del presidente del Gobierno contra la prensa madrileña, con cita expresa de la Cope. “Las fuerzas progresistas y la España progresista tienen en frente un poder no menor, el poder del dinero, que tiene sus terminales. Usted, como yo, se desayuna leyendo la prensa madrileña, también escuchando a la Conferencia Episcopal hablando a través de la radio”, dijo en el Parlamento en respuesta al portavoz de Compromís.
Es comprensible que no sea agradable para el presidente leer o escuchar a diario informaciones críticas a su gestión o a la propaganda de éxitos imaginarios. Prefiere una prensa adicta y aduladora, o quizá aspira a un país sin prensa, como expresa El Roto (El País, 26.09) en una viñeta en la que dibujó un quiosco cerrado con esta leyenda: “Cuando cerró el último quisco, el poder respiró aliviado…”.
Los medios compiten en el mercado -es una obviedad- y, por tanto, son los primeros interesados en hacer un periodismo riguroso, el que atrae y vincula a los lectores y oyentes que sostienen a las empresas que los promueven. Si se desvían de la verdad sus seguidores buscan la información en otros periódicos y antenas.
Por ese compromiso empresarial y con la verdad aún quedan medios que cumplen la función de informar con rigor, aunque tengan que aguantar embestidas impropias del presidente de un gobierno que venía a regenerar y normalizar la vida democrática, tan necesitada de la de prensa libre.
“Es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado”, decía Voltaire.
Peligroso para la prensa independiente que, ejerciendo de contrapeso de este Gobierno, presta un servicio impagable a la democracia y a los ciudadanos.