“Quizá hubo asombro por lo que le descubrí; pero nunca escándalo…”. Xavier Alcalá


Otoño boreal, tiempo de recoger castañas y hacer –con buen vino– magostos, como se llaman en la tierra de origen de muchos personajes de A mala sangre. Sus vidas transcurrieron inicialmente en las orillas del Atlántico norte, sobre los 43 grados de latitud y continuarían entre los 34 de Buenos Aires y los 46 de Comodoro Rivadavia, sobre el Río de la Plata y el Mar Austral.

Como me escribe uno de los amigos argentinos que se cartean en este espacio sobre mis vanidades literarias:
«Las estaciones están invertidas, allá tenéis un “otoño primaveral” y aquí tenemos una “primavera otoñal”. Las cosechas se hacen desear y tememos un verano que no llegue a tiempo.»
Para los que estuvimos en la Argentina en todas las estaciones, no hay nada más chocante que las Navidades con calor extremo y los figurantes de Papá Noel sudando bajo las ropas de figura mítica escandinava. Al Cogomelo, Cojo Mosquera, Gayego Mosca o Petiso Forzudo le hacían reír los arbolitos de Navidad en Comodoro Rivadavia: plantas resecas de aquel secarral con pedazos de algodón imitando nieve… que allá es abundante en el mes de julio.

Bien, espero tus comentarios sobre A mala sangre; y te paso el que viene de un comunicante amigo, que se apunta a viajar con nosotros al otro lado del Globo y a un tiempo en el que se daba un fenómeno que hoy revive: el de la xenofobia fascista, nazi o –en el caso español– falangista.

Como se reproduce en la novela, ahí tienes un pasquín argentino de tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial:
El Cojo Mosca, ¡menuda pieza! Ya hablaremos de tu novela, que está gustándome mucho porque pinta un Buenos Aires desconocido para mí, como un viaje hacia el pasado. Eso sí, las feministas de ahora dirán que la novela es falocrática y, por consiguiente, machista
Ya lo dijeron cuando leyeron The Making of, su versión original en gallego; pero debo insistir en que A mala sangre es una novela negra heterodoxa porque no tiene nada inventado en su base. Está construida sobre documentos de todo tipo: textuales icónicos fijos y hasta icónicos animados, pues por fortuna ya había cine sonoro en los tiempos de la vida del caco gallego amigo de los nazis. Ahí te va una muestras de documentación fotográfica que ahorra explicaciones.
Por si los documentos no fuesen suficientes, para escribir tanto nuestro libro Cholo Rey y yo contamos con la memoria de personas de la generación anterior a la nuestra, que fuimos exprimiendo, él desde los años 60, cuando estaban en plenitud mental, y yo en los 80, en el otoño de aquellas vidas pero todavía ágiles para el recuerdo.

Racismo, supremacismo y machismo eran brutales; y lo que no deben hacer un periodista –Cholo– y un novelista –quien te escribe– es faltar a la verdad cuando quieren que su relato sea verosímil.

Si ya leíste El calor de la ceniza, verías que mi objetivo al narrar es inventar lo que pudo haber sido… y quizá lo fue, a veces con un simple cambio de nombres de personas y lugares: ¿Que Alfredo Mosquera fue “hombre para todo” en una “casa de tolerancia”? Sí. ¿Que consideraba a las mujeres como seres inferiores a los que vencer con su potencia física, incluida la fálica? También. Si no llego a animar los retratos que de él que me llegaron (en documentos de comisaría y juzgado) no habría cumplido con mi “deber notarial”.

Véase por los agradecimientos de la novela que en la revisión de sus sucesivos originales participó María González Encinar, profesora de Geografía Política y luchadora activa por dar a las mujeres en el lugar que merecen. Tuve en cuenta sus comentarios hasta concluir el texto que tú puedes leer. Quizá hubo asombro por su parte en cuanto a lo que le descubrí; pero nunca escándalo: proxenetas y abusones siempre hubo; prostitución organizada, “industrializada”, también. Tiempos de guerra en que todo valía, hasta hoy mismo. He ahí la primera página de un interesantísimo trabajo periodístico de Cholo Rey.

Y me despido con un ruego. A mala sangre está publicada en formato digital en todas las plataformas de difusión global (Amazon, Google Play, Kobo, Streetlib…). Por favor, comprueba si desde donde te encuentras, a un lado u otro del Atlántico, al norte o al sur del Ecuador, te es fácil descargar el libro, por el momento a precio 0.

Esta modalidad de llegar a todo el mundo se impone. Mira lo que dice uno de nuestros compañeros epistolares:
 «La verdad es que soy más “de los papeles”, aunque en estos tiempos de estar encerrados por culpa del virus la tecnología telemática nos ayudó mucho a seguir leyendo.»
Así seguiremos con la Biblioteca Xavier Alcalá de cara a todos los posibles lectores, primero en castellano y después en inglés. Ya está en proceso de edición el próximo libro de la biblioteca, Al sur del mundo, nuevamente “patagónico”.
Saludo cordial.