“Afganistán, entrega número once”. Jacobo Otero Moraña

Hoy, como no podía ser de otra forma, tenemos que hablar de los salvajes atentados de ayer en el aeropuerto de Kabul. Antes de entrar en materia, vayan mis condolencias hacia los familiares de todos los muertos y heridos. Aquí no hay el menor distingo. Unos estaban allí cumpliendo con su deber. Manteniendo el orden y coordinando una evacuación tremendamente complicada. Quien diga:”Pues eran soldados. Va en el sueldo”, está cometiendo una terrible injusticia (además de mostrar una insana frivolidad). Esos bocazas, deberían saber que la inmensa mayoría de los que deciden vestir uniforme, al menos en nuestro ámbito de democracias liberales, no tiene como prioridad matar o que te maten. Entras en combate si no queda más remedio, pero nadie va a la guerra por gusto. Somos una cultura de vida, no de muerte. Prueba de ello es que en los días previos a la tragedia, muchos de esos soldados tomaron en sus brazos a niños y bebés entregados por sus propios padres. Y no para negociar con sus órganos o regalarse un efebo(como sí ocurre entre mafiosos y jefes tribales), sino para darles una esperanza de vida lejos del infierno que es su país de origen. Por todo ello, y aunque sirvamos bajo distinta bandera, aquellos que están en nuestro mismo bando serán considerados hermanos, y su sufrimiento es el mío. Como también lo es el de una amiga cuyo hijo sirve en la USAF y lleva días sin poder conciliar el sueño abrumada por la angustia.

En cuanto a nuestros chicos sobre el terreno, sean de Fuerzas Armadas, Guardia Civil o Policía Nacional, afortunadamente han salido ilesos esta vez. No pasó lo mismo con los de aquel incidente (aún sin aclarar) de los helicópteros Cougart. Y lo mismo con el equipo del CNI asesinado en Irak, lo mismo que el oficial de enlace al que también mataron en su casa de Bagdag. Porque a esos que tanto critican, parece no importarles que todos ellos tenían hijos, mujeres, hermanos y padres a los que les ha quedado un vacío insustituible. No estaría de más que tengan eso en cuenta y que demuestren un poco de esa empatía de la que tanto alardean.

Dicho lo cual, pasemos a analizar lo que ocurrió, por qué y a quién beneficia. La situación de caos es sin lugar a dudas, la “tormenta perfecta”. Un aeropuerto controlado por fuerzas extranjeras al que el nuevo gobierno consideran como “hostiles”. Aún en caso de que aceptemos ese supuesto acuerdo entre la administración Trump y los barbudos, hay que ponerse en su tesitura. Para ellos rigen los pactos tribales. Si ambos jefes están conformes, es posible que la cosa funcione. Pero resulta que ahora en la Casa Blanca hay otro “jefe”, y con ese no acordaron nada. Les puedes mandar representantes (como ocurrió el otro día con una delegación de la CIA), pero ya depende de lo que quiera entender el interlocutor, quien en último caso, volverá a lo que ya expuse:”contigo no acordamos nada”.

Pues visto lo visto, todo conducía de forma inevitable a un resultado como el que vimos. El enemigo no tiene ni que buscarte. Sabe donde estás. Tampoco necesita un plan muy elaborado. Entre la multitud, tipos cargados de fardos o ropa abultada, no llaman la atención. Basta que llegue el momento en que estás a la puerta o muy próximo a ella. Y si matas de camino a los que están a tu alrededor, tampoco pasa nada. Son “perros traidores” que se han entregado a los cruzados. Así de simple y así de duro. El terrorismo que practican este tipo de actores es de lo más indiscriminado, y para muestra, basta recordar lo ocurrido en Madrid el 11 de marzo de 2004.Asi que ya tenemos el que y el por qué. Vamos con los beneficiarios. Curiosamente todo lleva a los mismos actores a los que llevo citando desde el comienzo de esta serie de artículos.El Talibán necesita no sólo justificarse, sino que se le vea como interlocutor válido. Por más que los Servicios de Inteligencia advertían de que algo iba a suceder, otra vez se les queda cara de tontos. No han conseguido prevenir, y tampoco solucionarán nada las medidas paliativas. Vamos a dar por buena la versión de que lo de Pearl Harbour fue un ataque sorpresa(que sobre eso hay mucha tela que cortar). Desde entonces, EEUU y otros socios tienen ojos en el espacio. Satélites carisimos capaces de leer una matrícula desde esa altura. Pues no vieron la concentración de tropas de Irak previa a la invasión de Kuwait ni el movimiento en los cuarteles durante el intento de golpe de estado en la URSS del año 91. Si eso ocurre estando yo al mando, ceso hasta al conserje. Pues ya ven. Luego nos quejamos y no sabemos por qué.Al Talibán este atentado le viene como anillo al dedo. La culpa no es suya, ya que el aeropuerto era cosa de los “cruzados”. Además, quien atacó fue la franquicia local del Daesh, no ellos.

Otro igual se lo cree, pero me gustaría que pensemos un poco. Daesh no es otra cosa que un hijo bastardo de Al Qaeda. Más dañino y brutal que la fuente, pero con una base común. Pues bien. Tras ser expulsado de Sudán OBL, donde encontraron refugio él y Al Zawahiri?En la tierra del “Tuerto Omar”. Y quien es hoy el jefe de los barbudos? Uno de los lugartenientes del viejo Mulá… Lo vamos viendo?Todo es parte del mismo pastiche. Los ingenuos occidentales dirán :”Ah. Pues es verdad que estos tíos no son como antes. Los malos son los otros”. Así que de golpe y porrazo, ya tienen la ansiada legitimación.Echan a los extranjeros antes de tiempo. Les causan una última herida a través de los soldados muertos. Los nativos que confiaban todavía en poder salir, ven frustrada su oportunidad y culpan a Occidente de dejarlos tirados. Y a su vez, los barbudos han hecho limpieza interna. El plan no puede ser más perfecto.

Sólo cabe una última pregunta. Lo han planeado ellos solos o hay alguien detrás? Porque es más que significativo que en Kabul, la única embajada que queda abierta es la de China. Los mandarines ya ni siquiera se molestan en disimular.

No sé cómo lo ven ustedes.