“La verdad de las arrugas”. Manuel Dominguez III

Sea una persona por amistad, un político, o gente en general, si tengo interés en ello, lo que suelo fijarme es en las conocidas como patas de gallo, esas arruguitas en el ángulo de los ojos solo las tiene la gente que se ríe o sonríe, lo que indica que es persona feliz y no un muermo que amarga la vida con tragedias lejanas y constantes.

Hay muertos vivientes que te hacen participes de tragedias que podrán ocurrir dentro de cien años y que tal vez no ocurran.Personas de un optimismo matemático un optimismo razonable son buenos compañeros de viaje

Hay un político que me hablo de poesía, me nombro a Machado a Rosalía de Castro y por ello no vi nada más, pues craso error, me la clavo hasta en el alma, no me di cuenta que siempre tiene cara de que le deben y no le pagan, tiene las arrugas entre ceja y ceja, lo cual quiere decir que es un quejica, que siempre está de mal humor y esa gente no nos conviene ni como personas ni mucho menos como políticos.

Hay otras en el labio superior, que indican lo mismo, desconfianza, envidia.He conocido gente que ha vivido una vida amargada debido a la desconfianza, hasta de su misma sombra, hasta del espejo que proyectaba su misma cara.

Las arrugas es la historia de nuestra vida, el tiempo escribe de esa manera, y es importante observarlas.

La arruga es bella y no porque lo diga mi paisano el modisto Adolfo Domínguez, la arruga es la respuesta de la emoción de la vida vivida, hay quien bebe la vida a sorbos, o de un trago tristemente o al unísono con el tiempo.Cierto día cuando mi corazón quedo huérfano de amor, desde el altar de la iglesia pronuncie unas palabras para el recuerdo, palabras de gratitud, ante un féretro que llevaba parte de mi vida.

Hay un tiempo para nacer, y un tiempo para morir;

un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír;

un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;

un tiempo para amar y nunca un tiempo para el desamor.

Una de las cosas más bellas de la vida es envejecer con dignidad.

Ser consciente de nuestras capacidades.

Nunca dejar de ser niño, pero saber cuándo y dónde.

Estar cuerdamente loco, sabiendo cuando , donde y con quien.

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