“Más democracia tras las elecciones”. Alberto Barciela

05 Novembro 2026

La nada simple posibilidad de que las Elecciones Generales del próximo 29 de noviembre determinen una mayoría cualificada en el Congreso, lo que se pondría el consenso de al menos dos partidos en torno a un único candidato a Presidente, presupondría la oportunidad de afrontar cambios que se presumen como esenciales para reforzar el sistema democrático español.

A la democracia solo cabe responderle con más democracia, con respeto a la pluralidad, al disenso, al oponente legítimo. Más lo cierto es que la mayoría de los ciudadanos intuimos que  urge aire fresco, actitudes distintas y un talento y un talante que España solo conoció en su alabada y ya lejana Transición.

Nada es más difícil que entonces, bien al contrario. Pero también existen riesgos nuevos como la polarización y los radicalismos extremos.

Hay que valorar la ocasión, quizás única desde la mayoría de Mariano Rajoy. A diferencia de ahora, entonces la decisión atañía a un solo partido y presumía como un riesgo afrontar reformas abruptas en un sistema delicado donde, en un clima de bipolarización bipartidista, era más importante encauzar lo económico -amenazaba Bruselas con los Hombres de Negro- que alcanzar reformas estructurales en lo político.

La democracia exige libertad, presupone respeto al contrario y, muy en lo fundamental, a la separación de poderes; demanda reformas, para mejorar sus propias evoluciones y para encauzar lo que los tiempos imponen. Las circunstancias, como bien advirtió Ortega, son determinantes y hay que saber responder con actitud, altura de miras y políticas de Estado, que no de partidos o de líderes coyunturales por muy respetables que puedan ser sus postulados ideológicos o sus ambiciones personales.

Al margen de resultados coyunturales, es evidente que a estas alturas el Estado necesita de importantes decisiones consensuadas, pactadas, maduradas, que permitan ajustar su funcionamiento sin fisuras ni duda alguna a los principios constitucionales. Es más que probable que el consenso -a todas luces imposible en la última legislatura- sea la primera prioridad tras el 29-N para reforzar el sistema.

Desde hace tiempo se reclama una reforma de la ley electoral que contemple listas abiertas, segundas vueltas, respeto de las mayorías y transparencia en la financiación de los partidos políticos. Es imprescindible retornar al entendimiento en política exterior, reforzar la marca España y, en una agenda bien conocida, encontrar puntos de encuentro en aspectos nada triviales como la gestión de la sanidad, de la educación, de la seguridad —con una atención prioritaria al desafío del narcotráfico—, del turismo, la electrificación, el funcionamiento de los transportes, la política de inmigración, la de vivienda y las leyes laborales. Todo ello en un marco que asegure la igualdad, el respeto de las minorías, la sustentabilidad del sistema sin una asfixia financiera basada en cargas impositivas interminables, excesivas, confiscatorias; la seguridad de las pensiones y el bienestar de nuestros mayores. Además, claro, de la olvidada Administración Única. Bienestar para todos.

El destino de una nación no se mide por la estridencia de sus debates coyunturales, sino por la firmeza con la que aborda sus necesidades estructurales. Definir qué es prioritario exige un ejercicio de honestidad colectiva y de profunda altura de miras. Una sociedad madura reconoce que sus pilares fundamentales sostienen el edificio común.

Seguimos confundiendo el Gobierno del Estado con el estado de los Gobiernos, de los partidos y de sus dirigentes, las aspiraciones personales con el bien común.

Hay que encontrar una nueva cultura política: más democrática, de mayores consensos, más realista, próxima a los ciudadanos, que palpite con la calle y con cada hogar. Pluralismo, diversidad… Hemos de ser conscientes de que la realidad económica no responde a una ideología concreta, de que vivimos en un mundo muy competitivo, en la era IA, y solo cabe responder con unidad e inteligencia.

Es hora de votar, deberemos hacer los ciudadanos, y quienes sean elegidos han de entender que algo ha de cambiar tras demasiada incertidumbre.

Alberto Barciela

Periodista

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