“Luis Rial, periodista de raza”. Juan Salgado

07 Xaneiro 2024

En el manido lenguaje de la profesión periodística pocas expresiones superan, por reiterativas y desmesuradas, a las que se utilizan para definir a colegas del quehacer informativo como periodistas de raza. De igual modo, pocas, muy pocas veces nos es dado asistir a la coincidencia de la aludida expresión con un informador digno de tal calificativo, una sincronía que requiere de una continuada tarea informativa como la más indubitable constatación para hacerse merecedor de dicha definición.
En Luis Rial, que se nos marchó en la noche del día de Reyes a los 81 años de edad, es sin duda ese calificativo referido a la ascendencia, al gen heredado, el que mejor resume una trayectoria vital de varias decenas de años de entrega a la profesión, aún en su convivencia con otros acaeceres empresariales que no mermaron un ápice ni su total entrega al periodismo radiofónico ni, menos aún, la impetuosa búsqueda de la primicia, obsesión que era la clave de bóveda de su quehacer profesional. Una trayectoria, en fin, que da respuesta a esa eterna pregunta que nos hacemos los juntaletras sobre si ¿el periodista nace o se hace?. En Rial, venía como indeleble marca en su propio ADN.
Cierto que en su hacer predominaba más la heterodoxia que la supeditación a la norma académica, la improvisación que los remilgos de lo políticamente correcto. Pero tuvo siempre la virtud de aportar a cada noticia, a cada primicia, la necesaria dosis de compromiso personal para hacerla creíble ante sus oyentes, para ofrecerla revestida de la emoción de los momentos singulares –reales o magnificados- hasta el punto de conmover a una audiencia a la que hacía partícipe de la emotividad que ponía en cuanto hacía. Y el público siempre se lo premió con su fidelidad.

Trabajando en sus inicios con unos más que precarios medios técnicos, supo impresionar al propio Luis del Olmo cuando conoció en qué condiciones se efectuaban sus transmisiones radiofónicas para el -masivo en audiencia- programa de Protagonistas. Era nada más que la anécdota de un profesional obsesionado por la calidad técnica de la información radiofónica.
La primicia, como señalamos, era tan obsesiva en su trabajo que mereció muchas veces de un arrojo inusual para adentrarse en vericuetos de desaconsejable práctica. Pero nunca le faltó ese arrojo, como tampoco a su tantos años compañero de búsquedas informativas, el recordado amigo Joe, José Luis Alvite, que sumaba a la ecuación de la pareja, además de idéntico arrojo, la inconmensurable virtud del señor de la metáfora.
Luis Rial, aquel niño que aprendió a ser periodista anunciando regalos en una tómbola de Cáritas, dejó en su larga trayectoria el más meridiano ejemplo de una entrega absoluta a su profesión, decenas de noticias ofrecidas en rigurosa primicia que hablan de su fino olfato profesional especialmente en sucesos, y, por encima de todo ello, una connivencia con la audiencia que le fue siempre fiel mientras, tantas veces ya sin fuerzas para hacerlo, se mantuvo firme y comprometido al pie de un micrófono.
Descanse en paz en gran profesional y buen amigo. En el Savoy de los cielos hoy habrá un brindis especial por el reencuentro de dos amigos del alma.

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