“La falsa inteligencia artificial, el periodismo y la propiedad intelectual”. Alberto Barciela

08 Setembro 2023

“Los robots nunca podrán ser periodistas, pero el periodista tampoco ha de actuar como un robot”, con ese convencimiento, en el que ahora me reafirmo, nos pronunciábamos hace seis años en la clausura del III Congreso de Editores Europa-América Latina-Caribe, que tuve el honor de dirigir en Bogotá. Aquella conclusión adquiere ahora un relieve especial con la irrupción en el mundo de la comunicación, también en otros ámbitos, de la Inteligencia Artificial que, en definición de la Real Academia Española, es una disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico.

Las máquinas nunca podrán sustituir a las personas, sí suplantarlas en determinadas acciones en las que lo racional es y será mera apariencia. Los aparatos utilizan recursos extraídos del saber humano tras procesarlos con mayor o menor éxito. Los resultados son comparables pero no pueden ser equiparados.  Las máquinas pueden exponencialmente simular, imitar, copiar, mezclar, confundir y falsear realidades, semejar originales, creativas, e incluso dialogar entre ellas y superar en capacidad a los racionales, pero las inquietudes humanas y profesionales, los valores, la ética y la moral, la vida o la esperanza son intrínsecos a los seres humanos.

Eso pienso.

Desde aquel encuentro en Colombia se han celebrado otros tres Congresos. Uno de sus frutos, ha sido presentado coincidiendo con la III Cumbre UE-CELAC, celebrada entre los días 17 y 18 del pasado mes de julio en Bruselas, es EDITORED – Red de Editores de la Unión Europea, América Latina y Caribe-, conformada inicialmente por 62 miembros, responsables directos de las ediciones de los medios de comunicación más relevantes de cada país, con una audiencia tasada de más 446 millones de personas.

EDITORED acaba de declarar su adhesión a los Principios Globales sobre Inteligencia Artificial que una alianza mundial de medios de comunicación, que han sido definidos por 26 organizaciones que representan a profesionales creativos de todo el mundo, incluidas empresas editoriales de noticias, entretenimiento, revistas y libros, y al sector de la edición académica.

Ese trabajo se ha publicado este pasado día 7 de septiembre de 2023.

Me parece significativo poder resaltar lo que se mantiene y denuncia por parte de los expertos: “Para que un trabajo periodístico de calidad llegue a publicarse debe cumplirse un arduo, complejo y esforzado procesamiento de información. Un periodista propone un tema o le es asignado. Acude a fuentes documentales, entrevista a especialistas, habla con testigos, se hace presente en el sitio o los sitios de los hechos que investiga, contrasta la información obtenida, la verifica; fotógrafos, camarógrafos participan para tener constatación gráfica y audiovisual de lo investigado; el reportero consulta con su editor, debate con él ejes informativos, elementos faltantes, elementos sobrantes, formas de publicación. Redacta el texto a publicar o el guion a ser leído, corrige, somete a evaluación de sus pares y de los responsables de la Sala de Redacción. Intervienen entonces diseñadores, infografistas, programadores, sonidistas, archivistas, presentadores, prensistas, técnicos en telecomunicación, distribuidores… Finalmente, la noticia llega a la audiencia. Ese trabajo profesional es remunerado, bajo las normas de cada país, por la organización en la que labora el periodista y los demás especialistas que intervienen en el proceso. Toda esa tarea investigativa y creativa es la esencia de la propiedad intelectual a la que tienen derecho los medios y los comunicadores que crean los contenidos. No reconocerlo implica una grave falta ética y una dura afectación a la sostenibilidad de la producción periodística, que es clave para que se cumpla el derecho de la ciduadanía a estar bien informada. Los sistemas de Inteligencia Artificial Generativa ya son capaces de producir textos noticiosos con apenas unas cuantas directrices. Para lograrlo, emplean el trabajo periodístico, artístico y académico que previamente se ha publicado en la Internet, sin reconocer ni remunerar esa labor.”

En el “Recado de Papel para Gabriel García Márquez”, que escribí en Bogotá, la Atenas sudamericana, dije: “Hoy puede ser un martes de lluvias o de mercado de bagatelas. El río de la vida seguirá discurriendo como la Historia, con sus barcos de la Compañía Fluvial del Caribe, aspeando aguas arriba o abajo entre ataques terroristas o cóleras puntualmente coreanas norteñas, guerras virtuales que atoran la evolución de la realidad – entendida ésta como vida cotidiana de los humildes, la mayoría silenciosa y hambrienta, y de los poderosos, la minoría dominante-. Somos tantos, y en verdad nos conocemos tan poco, que vivimos en la apariencia de la posverdad, crédulos de las mentiras, víctimas de la emotividad cautivante de creencias pasajeras, casi inasibles. Esa es nuestra realidad mágica, mal descrita, una repetición histórica casi vulgar y bailable”. En el presente, claro, añadiría otros conflictos de esta policrisis mundial que nos atenaza, entre ellos la vulneración de los Derechos de Autor o Propiedad Intelectual o los mismos hackers.

Hoy, como entonces, sí mantengo que quizás, entre tanto avance tecnológico, como relata Gabo de Primo Guerrero en Vivir para contarla, “con una flexibilidad ética que quizás hasta Dios nos la pueda perdonar”, seamos capaces de mantener “la protesta viva en la prensa a puro pulso de telegramas”. Protestar es demandar un mundo mejor para todos, y ese es un cometido esencial de esta profesión, el oficio más bello del mundo, que, como sabía bien nuestro querido maestro García Márquez, ejercen profesionales que, como él, necesitan ver reconocido y remunerado su trabajo, como compensación justa al fruto de la formación, del esfuerzo, del saber, de la listeza, de una trayectoria e incluso de un estilo, sometidos a normas laborales y de convivencia, a la competencia misma del mercado, como las empresas editoras.

El soporte, aunque condicionante, será lo de menos o lo de más, pero nunca podrá serlo la falsa inteligencia de unas máquinas manipuladas por grupos anónimos, o con nombre de multinacionales o mafias sin alma. Estamos ante la oportunidad de comunicar mejor gracias a la tecnología, pero siempre lo haremos en base a nuestro particular código deontológico. Esa es una libertad y una vocación que nunca asumirá un robot. Eso pienso.

Alberto Barciela

Periodista

Vicepresidente de EditoRed

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