
Tengo la costumbre de leer en los periódicos las “cartas al director” que informan de problemas que sus autores y miles de ciudadanos viven a diario y últimamente esta sección sobresale por las quejas de gente joven que citan tres problemas que les aquejan.
El primero, el paro que afecta al 27,4 de los menores de 25 años, la tasa más elevada de la UE. El segundo es la precariedad laboral que les genera inseguridad e incertidumbre porque no saben hoy si trabajarán mañana. El tercero es la precariedad salarial, que en miles de casos es de “exclusión social” y en muchos otros los sueldos no dan para llegar
a fin de mes.
Consecuencia de estos tres problemas es la precarización vital de la juventud que no
puede acceder a una vivienda en alquiler -pensar en comprar es una utopía- que, según
la presidenta del Consejo de la Juventud, les llevaría el 84% de su salario. Por eso, uno
de cada tres de los que viven en alquiler tienen que compartir la vivienda porque “o
compartes piso o dejas de comer”. El difícil acceso a la vivienda explica el retraso en
emanciparse de sus padres hasta los 30,3 años, 4 más que sus colegas europeos.
El paro, la precariedad laboral y salarial y la imposibilidad de acceder a la vivienda
impiden que puedan acometer sus proyectos vitales, personales y familiares, lo que
explica también la crisis demográfica -en el primer semestre llegó al mínimo histórico
de nacimientos- y el retraso de la maternidad de millones de mujeres.
Llegar a fin de mes es una tortura, compartir piso significa perder intimidad y seguir
viviendo en casa de los padres es una necesidad. Es posible que alguien piense que son
problemas de la juventud, pero nos incumben a todos porque en ese colectivo están los
recambios de la propia sociedad.
A veces, a los dirigentes políticos se les llena la boca diciendo que del presente de
nuestra juventud depende el futuro del país. Y es verdad. Pero en la campaña electoral
no escuchamos propuestas serias para ellos sobre el acceso a trabajos dignos y a la
vivienda para que pudieran emanciparse y crear su propio proyecto vital. Ni una
palabra. De hecho, los jóvenes tienen la sensación de que ningún partido político se
ocupa de sus problemas.
En mayo del 68 una joven periodista preguntó al poeta Paul Morad si tenía algo que
decir a “esos jóvenes que hacen arder las calles”. Su respuesta fue lacónica: “Dígales
que su futuro es la vejez”. Y un internauta escribió un twit cruel: “Bienaventurados los
jóvenes porque ellos heredarán la deuda”, que puede ser lo único que les dejemos. No es
extraño que solo el 41% confíe en el sistema político, un 57% desconfíe de los partidos
y que una gran mayoría muestre su escepticismo en la democracia misma. .


