“Cuando falla el tren, también falla el gobierno”. José Luís Calo

03 Novembro 2026


Hay tragedias que dejan algo más que víctimas, dolor y pérdidas económicas. Dejan
preguntas que un Gobierno tiene la obligación de responder. Y lo ocurrido en los
accidentes ferroviarios de Adamuz y Toledo exige muchas explicaciones, pero, sobre
todo, exige responsabilidades.
La seguridad ferroviaria no puede convertirse en una cuestión de estadísticas,
propaganda o enfrentamientos políticos. Estamos hablando de personas, de familias
destrozadas y de ciudadanos que suben a un tren confiando en que el Estado ha hecho su
trabajo.
Los datos europeos sobre seguridad ferroviaria venían reflejando, a largo plazo, una
tendencia general de reducción de los accidentes graves. Sin embargo, los últimos
acontecimientos obligan a detenerse y preguntarse qué está pasando con la gestión de
nuestro sistema ferroviario. España no puede conformarse con lamentar las tragedias y
pasar página como si nada hubiera ocurrido.
Aquí aparece la cuestión política. ¿Dónde está Pedro Sánchez cuando toca dar la cara
por una gestión de esta gravedad? ¿Dónde están las explicaciones políticas que merecen
los ciudadanos? ¿Dónde está la asunción de responsabilidades de quienes dirigen un
servicio público del que dependen millones de personas?
Un presidente del Gobierno no puede aparecer únicamente cuando hay que anunciar
medidas, hacerse una fotografía o pronunciar un discurso institucional. Gobernar
también significa responder cuando las cosas salen mal. Y cuando se producen tragedias
de esta magnitud, la responsabilidad política no puede esconderse detrás de los informes
técnicos ni de las investigaciones judiciales.
Tampoco ayuda la actitud del ministro de Transportes. Óscar Puente ha demostrado en
numerosas ocasiones que tiene más facilidad para entrar en polémicas en las redes
sociales que para rebajar la tensión del debate público. Un ministro puede defender su
gestión, responder a las críticas y ofrecer explicaciones contundentes. Lo que no debería
hacer es convertir el dolor y la indignación de los ciudadanos en otro enfrentamiento
político.

La estrategia parece demasiado evidente: desplazar el foco, buscar culpables en otros y
convertir las críticas en una batalla partidista. Mientras tanto, las familias esperan
respuestas y los ciudadanos necesitan recuperar algo tan básico como la confianza en el
transporte público.
Lo más preocupante es que da la impresión de que el Gobierno está más ocupado en
controlar el relato que en asumir el desgaste de sus propias decisiones. La
incomparecencia política no se resuelve enviando comunicados ni repartiendo
responsabilidades hacia los demás.
Como escribió Albert Camus, premio Nobel de Literatura: «La grandeza del hombre
está en ser más fuerte que su condición». Una reflexión que también debería servir a
quienes ejercen responsabilidades públicas: estar a la altura de las circunstancias,
especialmente cuando las circunstancias son terribles.
Y ahora, con esa retranca tan nuestra, dos reflexiones. En Galicia decimos que «cando a
casa arde, non abonda con discutir quen ten a culpa da leña». Primeiro hai que apagar o
lume e despois dar explicacións. Y otra: si para encontrar a los responsables hay que
organizar una expedición, igual es que alguien lleva demasiado tiempo escondido detrás
de la cortina.
No se trata de utilizar a las víctimas para hacer oposición. Eso sería tan miserable como
intentar utilizarlas para proteger al Gobierno. Se trata de exigir transparencia, una
investigación rigurosa e independiente, explicaciones públicas y responsabilidades
políticas si se demuestra que hubo negligencia o fallos de gestión.
Las investigaciones determinarán qué ocurrió y quién tuvo responsabilidad en cada
accidente. Pero hay una responsabilidad que no necesita esperar a una sentencia para
comenzar a ejercerse: la obligación política de dar la cara.
España necesita un sistema ferroviario seguro, inversiones, mantenimiento, controles
eficaces y responsables públicos que entiendan que sus cargos no son un privilegio, sino
una obligación.
Porque cuando un Gobierno no sabe responder ante una tragedia, el problema deja de
ser exclusivamente ferroviario. Se convierte en un problema de confianza, de gestión y
de credibilidad democrática.
Y esa confianza, señor Sánchez, no se recupera con propaganda. Se recupera dando
explicaciones y asumiendo responsabilidades.
JOSÉ LUIS CALO

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