Eres rico, millonario y yo te lo recuerdo.
Tu vecino Antonio desde aquel día jamás volvió a sonreír, fue el día en que su hijo se marcho de forma voluntaria.
A ti te escucho hablar de la felicidad de los matrimonios de tus hijos, y la felicidad sale de tu rostro.
Tu padre con casi 90 años y nunca piso una clínica, salud envidiable.
Tienes unos nietos que te adoran, otros están en el olvido de una residencia.
Me hablas de la felicidad que aporta tu esposa, y es real, pero parece de película.
Que casualidad me estabas hablando que te aprietan los zapatos nuevos, cuando delante nuestra pasa un buen señor en silla de ruedas sin piernas, yo te indico, mira, mira, ese no tiene tu problema.
Pasan a velocidad supersónica, dos escuálidos, sus padres le dieron buena educación, pero por cosas de la vida, “amistades” ya vez, tú tienes la fortuna de tener dos hijos envidiables.
Ayer disfrutaste de la música de Chaikovski y viste el valet, interpretando el Lago de los cisnes, otros no pueden y no es por falta de dinero, ¿entiendes?
Un día no le diste importancia, yo te mostré el Orto y el Ocaso, otro día te lo negué, te lo oculte, ahí entendiste la belleza de las pequeñas cosas, días después me dijiste que las cosas más bellas de la vida son gratis.
De corazón una cosa te digo, no sabes en ese lluvioso triste día de invierno como agradezco tu sonrisa, ese abrazo, ese beso, esa palabra amiga
Eres millonario y no lo sabes ¿Qué más puedes pedirle a la vida?
Se agradecido con la vida y donde se necesite una sonrisa, no la niegues, no niegues una palabra de consuelo, a ti que los dioses te han concedido tanta paz y amor.
Una cosa ciertamente te recuerdo, tu felicidad ayuda a la mía.



