Santiago de Compostela.
Cuando conocer, significa amar.
Si, conocer Santiago de Compostela es amarla, y es tan fácil amarla.
Santiago se ama entera, se aman sus partes, y llegas alto.
¿Puedo definir Santiago? Pues no, no puedo, son sus rincones, sus callejuelas, sus piedras que hablan al peregrino, Santiago es el aire, la brisa que acaricia tu rostro.
Rodrigo de Moscoso Osorio y Álvarez de Toledo, gracias a él podemos conversar con Valle Inclán, allí solitario él con sus esperpentos, Rosalía mirando dulcemente al Campus, o García Lorca bajando de Santa Susana, ¿En que banco has besado al amor perdido?
Santiago de Compostela no se puede definir, es como el amor, un simple, un puro sentimiento, si, Santiago es sentir.
Su Catedral algo más que un símbolo religioso.
Santiago es una meta, un destino.
Quien no conoce Santiago de Compostela no conoce el amor en todas sus vertientes, no conoce el amor en todos sus destinos. Santiago es alma, alma de peregrino.
Allí en el mercado, la señora Juana, su rostro labrado cual campo de trigo, años de amor a la tierra, su cesta de mimbres, productos vivos de la tierra, si, ella también es alma compostelana.
El amor es reciproco, tú amas Santiago y Santiago de ama a ti.
Acaricie viejas piedras centenarias, y hasta el musgo me hablaba.
Compostela habla a quien le escuche.
Desde lo alto, allí donde el Apóstol Santiago, cual torre vigía, allí un día yo, desde lo alto, quise rezar a Compsotela



