La envolvente Inteligencia Artificial es un instrumento que tiene instrucciones de uso como la lavadora y, si los ignoramos o no los seguimos, la lavadora se obtura, quema el motor y quedamos sin lavadora y sin ropa. Con el pretencioso título Magnifica Humanitas León XIV trata de la Inteligencia Artificial en la Encíclica de ese título. En el número 99 propone una definición y un juicio: «… hay que evitar el equiparar esta “inteligencia” a la humana. Al imitar ciertas funciones de la inteligencia humana, a menudo la supera en velocidad y amplitud de cálculo, y ofrece beneficios en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad.
Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias (…); pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprender”, lo hacen de modo diferente al de la persona humana (…): es una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior”.
La IA ha diseñado drones precisos muy mortíferos que operan en la guerra de Ucrania, matando sin discriminación. Ignora el perdón y la fidelidad, valores humanizadores. Es un instrumento mecánico como una lavadora o el lavaplatos, Necesitamos absolutamente de una inteligencia moral no artificial que opere con criterios éticos que no nos sustituya.
Acérquese a la Magnifica Humanitas. Es tarea algo laboriosa y muy clarificadora.



