“Del Prei a la Pau, un proceso universitario sin igualdad autonómica”. Javier García Sánchez

03 Xuño 2026

En Galicia récord de aspirantes; mayor
inspección para los vigilantes educativos;
detectores de frecuencia para descubrir
dispositivos, y pruebas a nivel de distrito
universitarito

Recuerdo con mucho cariño aquel día de junio en la
segunda mitad de la década de los 60 del siglo
pasado cuando mis compañeros y yo, que habíamos
finalizado el curso de preuniversitario, nos
desplazamos en un vetusto tren desde Ourense a
Santiago de Compostela. En la ciudad del apóstol
nos esperaban al día siguiente los exámenes para
superar las pruebas de acceso a la Universidad. En
aquel tren, que tardó varias horas en llegar porque
iba parando en estaciones y apeaderos, viajaban
también alumnas y alumnos de otros centros
escolares de nuestra ciudad.

Los dirigentes educativos universitarios eran para
nosotros una auténtica incógnita que preparamos
durante bastante tiempo en nuestro centro escolar
para poder superar las pruebas. Fueron dos largos
días de exámenes escritos y oral.
El primero aglutinaba matemáticas, física y química,
para los de ciencias, y latín y griego los de letras. El
segundo, denominado común, constaba de un tema
de las materias que dábamos todos – casi siempre
caía biología o filosofía- para que lo desarrollásemos
por escrito. Como colofón un examen oral del
idioma que dimos durante nuestros estudios de
segunda enseñanza, que en un porcentaje muy
elevado era francés. En un par de días sabíamos si
habíamos aprobado el Preu viendo las largas listas
de números y tribunales que se publicaban en El
Correo Gallego que tiraba una edición especial y que
llegaba a toda Galicia viajando en el Castromil.
Pasados unos días nos desplazábamos a Santiago
para matricularnos en la carrera que habíamos
elegido -en mi caso Medicina-y lo hacíamos por
medio de una de las cuatro ventanillas existentes en
el edificio central de la Universidad, que estaba en el
primer piso de la actual Facultad de Geografía e
Historia donde años más tarde nos encerramos con
motivo de la huelga del 68.Un proceso, el de la

matriculación, que se hacía a mano, con bolígrafo y
guardando largas colas para ser atendidos .Se
escogía una de las pocas licenciaturas que se
impartían en Santiago y en las que no había
problemas de plazas.
Hoy en día todo este largo proceso que he relatado
se condensa en un término conocido como Prueba de
Acceso a la Universidad (PAU), en la que están
participando más de 13.000 estudiantes gallegos
repartidos en 36 sedes ubicadas en diez localidades
de las cuatro provincias. Se trata de una prueba
selectiva, criticada por muchos conceptos, que
marca el futuro para un gran número de estudiantes
y que no es igual en toda España. La estructura
básica y los criterios mínimos están homologados
pero el concepto final depende de lo que decida cada
Comunidad Autónoma que al tener totales
competencias en educación diseña sus propias
pruebas y contenidos. Soy de los que cree que se
debería desarrollar un proceso conjunto, uniforme e
igualitario, para aplicar en todo el territorio nacional.
Algo que se viene demandando desde hace mucho
tiempo pero que no se ha llevado a la práctica por
falta de acuerdos entre los responsables educativos.
Si esto ya es una dificultad y una discriminación
entre las distintas comunidades, en el presente año,
que aumentó de forma muy considerable el número
de alumnos que se presentan, hay que añadir
también la utilización de detectores de

radiofrecuencia e inhibidores para que los alumnos
no hagan trampas y no puedan copiar, de la forma
que sea, durante los exámenes.
Mayores competencias y mayor compromiso para
los vigilantes de los exámenes que tendrán que
aplicar todo su criterio a la hora de inspeccionar a
los alumnos. Algo que no me parece justo ya que
pasan de ser meros vigilantes educativos a casi
controladores policiales de esos aspirantes, de los
que cerca de un 90 por ciento suelen aprobar las
pruebas de selectividad. Lo de disponer de una plaza
para seguir estudios superiores en el grado deseado
ese ya es otro tema.
Javier García Sánchez

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