Estoy leyendo que la comarca del Barbanza, los asistentes a las ayudas de Caritas y otras ONG,s, el promedia es 50%, de otros países, y la otra mitad nacionales.
La pescadilla que se muerde la cola, es que no pueden estabilizar su situación, hasta pasados dos años, más menos, cuando algunos son profesionales que están llamados al mundo laboral, al ser profesionales en sus países.
Ese problema lastra su situación, no quieren ayudas, son profesionales y quieren trabajar, es más son reclamados por empresas, con lo que cambiando la ley asunto resuelto.
Tal vez y solo tal vez, quien o quienes pasean por la sala Tápies, código postal 28008. Prefieren dejarlos vivir de las limosnas, para tenerlos subyugados, que seres autónomos e independientes.
Pero no es de esto, por lo que estoy aquí.
Quiero hablar de la buena gente que dona a Caritas o a las ONGs, donaciones desde los humildes 20€, hasta 2.000, gente anónima, que no quiere reconocimiento, es gente callada, silenciosa, esa persona humilde que tenemos en la mesa cercana compartiendo un café.
Hablan bajito, no quieren molestar, algunos-as cada mes su cuota, otros al finalizar el año, es justo analizar, que alguien paga esas cenas de más de 200 personas, esas cajas de alimentos para 200 familias.
Y no puedo olvidarme de esa persona que me llamo para regalarme un caluroso abrazo, después de gestionar las labores a los necesitados, que estas fechas no dañen más de lo cotidiano, que los niños pueden tener una sonrisa, y a mí, me tenía en la lista, regalo, un café y un fuerte y sentido caluroso abrazo.
Más de 50 años, medio siglo que soy su cliente, cliente de amor, de amistad, eternamente agradecido, él sabe, conoce mi admiración por él.



