
CUENTO DE NAVIDAD
EL HAZ
La mañana del día después salí a comprar la prensa.
Recorrí el pueblo de punta a punta.
No había quioscos ni papelerías que vendieran un simple periódico.
Ni chicos repartiendo por las puertas veloces en sus bicicletas.
No vi señales de vida.
Al fin encontré una taberna
con dos diarios sobre la barra.
Uno de ayer.
Otro de anteayer.
La primera plana del uno desplegaba un titular a toda página.
Destacaba:
El obispo Ambrosio cerró el templo a Polifemo.
Le dijo: pide perdón por los palestinos masacrados.
Llora tu culpa hasta que tus manos dejen de gotear sangre inocente.
Hasta que el miedo suelte la noche, llorarás sin pausa.
La portada del otro mostraba una gran foto de un opositor exiliado.
Rezaba: no hemos perdido el vocabulario ético: nos lo quitaron.
Reclamemos la luz de la mañana: reparemos la vida humana.
Pasé las hojas
sin encontrar letra alguna.
Sin rastro de tinta.
El uno y el otro impecables.
Pedí un café
y observé al tabernero.
Se desplazaba sin pisar el suelo
atado por un cable a la caja registradora.
Sin quitar ojo a la cafetera,
afirmó repitiendo lo sabido:
se preguntará el porqué de esas páginas sin noticias
de esas hojas vacías.
Se volvió
para añadir:
las palabras ya no quieren ser navajas.
Huyen del papel por las noches.
Y se van al campo porque quieren.
Dijo
quieren ser la margarita en todas sus noblezas
y los corrillos de menta sutiles,
quieren ser la familia de la rosa y la ferviente ortiga y el romero.
Y la lavanda y la malva. El brezo y la celidonia.
Y en todas sus voces, la ruda y el anís y el amable perejil.
Que se van las palabras porque desean sentir el agua y arropar la tierra baldía
y volver limpias
y ser amadas cada día.
Repican las campanas.
Bebí mi café.
Dejé unas monedas sobre el diario.
Me fui despacio hacia el día siguiente
a esperar
las palabras nuevas.
EL ENVÉS
No hay prensa hoy: Navidad.
Le dije.
Entró el primero.
No olía a tabaco viejo,
sino a helada.
Ojos carrasposos.
Pidió café.
Este no quiere copa.
La caja fría.
Entumecida.
Tardan mis parroquianos.
Y este,
de dónde vendrá.
Forastero.
Qué buscas?
No sabes
que las palabras huyen por las noches?
Al campo.
Porque no quieren ser
insulto
ni mentiras.
Porque no quieren ser
vergüenzas…
No quieren ser armas.
Prefieren ser
margarita
o romero
o lavanda…
Más sé yo.
Cableado a esta registradora.
Girando
en el tiovivo.
Limpiando imposturas.
Delirios.
Quién pudiera como ellas.
Convertirse en celidonia.
Invitada de una muralla desplomada
que mira al mediodía.
Pero sirvo.
Campanas de fiesta afuera.
Dentro,
este
y mi sueño
de ser palabra indómita.
Que vuela.
Y arriba
en tierra benigna.
Esperaré al anochecer.
Emprenderé la fuga.
Lejos
de parte
y de bando.
FIN.
J. Antonio Nóvoa. Diciembre 2025.



