En la vida tenemos que prepararnos para saber lo que está bien y asumirlo, y al mismo tiempo lo que es malo, para rechazarlo. Al ser humano que intente ser cuerdo, se le pide utilizar todos los medios a su alcance, para hacer frente al mal que otros puedan querer procurarle, y al mismo tiempo para sembrar en su ambiente todo lo que sea bueno. Cuando las criaturas racionales tienen en cuenta la voluntad de Dios, al final de todo el bien que hayan podido realizar no les queda sino decir, como afirma la Biblia, “somos unos pobres siervos: no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer”.
Cuando en nuestra vida nos ponemos a observar con espíritu crítico el modo de comportarse de quienes ejercen el poder, no es fácil dar plácemes, a la vista de lo que acontece. Vemos, por un lado, la fuerte preocupación por filtrar las noticias, en orden a la admiración de la gente sobre lo bien que ellos lo hacen. Por si fuera poco, los de la misma cuerda van interviniendo, unos en un momento y otros en días sucesivos, de modo que, sin gastarse, no queden dudas: Esa persona a la que se refieren algunos como merecedora de castigo, es lo mejor que pudiera buscarse; no hay nada que señalar en ella que no sea sublime; quienes la ponen en cuestión, no perciben lo que en realidad hay en ese ilustre trabajador o trabajadora… Y, si hace falta, da el testimonio definitivo aquel de quien unos y otros dependen directamente…: todo en la misma línea.
Si es el caso de que se pronuncien los jueces, no faltarán voces de la misma cuerda, según las cuales se indique el respeto a la judicatura, de la que se espera un pronunciamiento distinto al que entonces han hecho, y que concuerde con lo que ellos defienden. Después, para una mayor insistencia, se alude al mal que ha realizado uno del grupo de la oposición, y se cargan las tintas en ello: todo, al servicio de la única verdad asumible, que es la inculcada por el jefe del equipo y acogida por sus colaboradores.
¿Y si uno de los más cercanos al que ostenta el poder es reconocido como digno de recibir un serio castigo por haber actuado perversamente en el desarrollo de su misión…? No hay problema alguno, pues hay que dejar claro que su jefe no lo había advertido: se trataba de un ámbito de la personalidad del adjunto, que su superior no logró estudiar adecuadamente… Ello se ha debido a que las personas que tienen a su lado los que ejercen el poder son muy complejas… ¿Y si se sugiere que contrataran un sicólogo que investigara el talante de cada sector de la personalidad de los colaboradores directos de quien ostenta el poder? No estaría nada mal; pero… ¿quién podría escudriñar la mente de este, ante la falta de luz de quien está más arriba…? En cualquier caso, todo se ha hecho bien…
Recuerdo unas palabras, salidas de la boca de un joven con mucho salero: “Yo soy muy humilde”, a las que respondía otro menos gracioso: “y orgulloso de serlo”. A mí me vienen a la mente diversas expresiones de la Biblia, como la del Magnificat “El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1, 52), o bien una del libro de Isaías “El Señor es la Roca perpetua…abatirá hasta el suelo a la ciudad elevada, y la pisarán los pies del humilde, los pasos de los pobres…” (Is 26, 5-6).
Para terminar, aunque desde el Gobierno y desde los medios afines a los que mandan se haya desplazado todo lo que huela a religioso, quisiera yo que señalaran las medidas oportunas ante el considerable aumento de acoso sexual a la mujer y del enriquecimiento abusivo de los que deberían buscar el bien de los ciudadanos, especialmente de los menos favorecidos… Concluyo con unas palabras de otro libro de la Biblia, el Eclesiástico: “El que, siendo probado en el dinero, es hallado perfecto, recibirá gloria eterna, porque pudo faltar y no faltó, hacer el mal y no lo hizo” (Ecclo 31, 8-10).



