“Y el PP noiés, silbando a la luna”. Juan Salgado

17 Xullo 2025

Porque, como enseñan los manuales de este viejo oficio, los argumentos es
conveniente situarlos en su debido contexto histórico, no puede menos el cronista que
aludir a un certero artículo de opinión publicado en febrero de 2002 en un periódico
provincial de amplia difusión en el que el corresponsal en Noia del referido diario se
preguntaba qué suerte de mal fario, de maldición reinaba en la política municipal del
consistorio donde “la convulsión y los enfrentamientos políticos son una constante en
la historia de la democracia de Noia”…”a la vista de la rapidez con que la calma en el
ámbito municipal se transforma en tempestad”.
Trece años después de aquella sesuda reflexión, en la que se lamentaba el periodista
que tan solo en dos ocasiones -Díaz Fornas, en 1983, con doce de diecisiete
concejales y Pastor Alonso, en1991, con once concejalías para el BNG del que más
tarde sería expulsado- el electorado se había decidido por mayorías absolutas, cabe
señalar que los hechos que se han venido registrando desde entonces en la gestión
de lo local no solo desmienten una de las máximas que suelen citarse en periodismo
de que las noticias son flor de un día, sino que el lamento del corresponsal sigue
extremadamente vivo a lo largo de los dos largos lustros transcurridos desde
entonces. Hasta el punto de poder concluir que la política municipal sigue siendo una
alborotada jaula de grillos, donde lo insólito se enseñorea en la sesión de plenos,
agotando toda capacidad de sorpresa de los ciudadanos. Mociones de censura,
reprobaciones, escisión en el seno de una misma formación partidista por
desavenencias entre sus militantes, transfuguismo, vendettas, alcaldes en la
sombra…. nada falta en el sortilegio de una política local que tiene como única premisa
de funcionamiento la preocupación por los intereses creados particulares, incluso con –
como en la obra teatral de Jacinto Bernavente – su particular Polichinela incluido.
La última, la del pasado día 11 donde, en sesión plenaria, el regidor local, Santiago
Freire Abeijón, volvía a sufrir una reprobación política por parte de la Corporación. En
esta ocasión por la negligencia mostrada en las obras de remodelación del Mercado
de Abastos, que llevan ya tres años de demora y distan de esta finalizadas. Una
reprobación que contó con los votos a favor de la oposición que integran las Mareas,
BNG y PSdeG, además del tránsfuga que abandonó meses pasados su militancia
popular y cargos de responsabilidad en el equipo de Gobierno para pasarse al grupo
de no adscritos, Luis Alamancos. Una votación que se bastaba para salir airosa pero
que contó con la guinda añadida del insólito apoyo del partido que cogobierna con el
PP, el grupo independiente N.O.I.A. que, para mayor escarnio, es el que tiene
adjudicada la concejalía que en teoría debiera ser responsable de la gestión de la
citada plaza. El mundo al revés o por mejor decir, los pájaros contra las escopetas.

Ha pasado una semana desde aquella inaudita votación y el N.O.I.A. sigue formando
parte del Grupo de Gobierno porque, en el decir del reprobado regidor, solo se trata de
una “pataleta” como la que le costó la no aprobación de los presupuestos. Es decir, el
PP local, provincial y gallego sigue pagando traidores.
Con una agrupación local del PP sumida en el más absoluto ostracismo e incapaz de
alzar la voz ante tamaño despropósito; la agrupación provincial, como suele, distraída
en variados eventos feriales mientras va asistiendo indolente al reguero de alcaldías
perdidas -primero en Costa da Morte y últimamente en el Barbanza-, y la gallega en
esa continuada emulación de vendedores de elixir en que, a semejanza del viejo
Oeste americano, han convertido el Gobierno gallego, el votante de la formación de
derechas -de Noia y de tantos otros municipios- se pregunta qué más tiene que pasar
para que la formación de sus preferencias adopte un mínimo de compromiso formal
con el electorado, más allá de la propaganda mitinera. Adocenados en la
complacencia de contar con el Ejecutivo de la Comunidad Autónoma olvidan -y el
presidente Rueda debiera ser, por haberlo sufrido, el último en hacerlo- lo duro de la
larga travesía del desierto que hubieron de afrontar cuando el Bipartito y que sólo
desde una bien estructurada base militante en lo local es posible ir a la conquista de
San Caetano. Ya les pasó, pero parece que lo olvidan.
Hace apenas tres meses -fue en abril- que el presidente provincial y conselleiro de
Presidencia, Diego Calvo, reunió a alcaldes y portavoces de su formación en la
comarca del Barbanza a los que animó a “poner toda a carne no asador” en los dos
años que restan para las municipales de 2027. En el fondo y en la forma, una de esas
reuniones poco menos que protocolarias que a nada comprometen pero que valen
para cubrir el expediente de la propia responsabilidad. Luego, ya se verá lo que sale,
que las preocupaciones partidistas provinciales tienen otras preferencias. Total, nadie
exige responsabilidades.
De lo que no hay duda es de que, en efecto, tanto afán puso el regidor noiés en poner
toda la carne en el asador que, políticamente hablando, bien pudiera sumarse a la
larga cola ante el fogón donde los ministros de Sánchez siguen emulando a San
Lorenzo en su teima por poner las manos en el fuego por correligionarios varios.
Con un alcalde que hace ya tiempo que superó con creces el principio de Peter, una
oposición tan endiosada de sí misma que es incapaz de articular una alternativa de
Gobierno que supere los individualismos y un concello que sigue a la deriva y en
absoluta inanición, los noieses se preguntan qué más tiene que pasar para que
alguien dé un puñetazo en la mesa y la villa logre recuperar el esplendor de otros
tiempos y viabilice las oportunidades que aún conserva en potencia, capaces de
transformarla en bastante más que un nuevo Allariz.
Y se preguntan, claro, qué suerte de atadura inconfesable mantiene al PP subyugado
por un Polichinela en cuya trayectoria política hay las suficientes sombras y
deslealtades, de conocimiento público de todos los noieses, como para tener que
seguir soportando la traición y la ingratitud en el propio equipo de Gobierno.
Pero el PP sigue silbando a la luna.

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