Hay una costumbre napolitana del siglo XVIII.
Cierto día entro en la cafetería 2 profesores, pidieron 4 cafés pero solo se llevaron 2, dejando dos cafés pendientes para quien pudiera necesitarlo, otro día entraron tres obreros de la construcción pidieron 6 cafés y se llevaron tres, y así, Una camarera joven le pegunta a la otra, que era eso, del café pendiente, ella le dice observa y mira, entro un aciano de barba descuidada, se acerca al mostrador y en voz bajita pregunta queda algún café pendiente, si señor aquí está el suyo.
Más tarde entraron 4 políticos, pidieron y no dejaron café pendiente, pero no solo eso sino que preguntaron si había algún café pendiente.
La joven camarera extrañada pregunta a la amiga como es eso, a lo que ella responde.
Es la costumbre habitual, cuando viste a algún político que diera algo de lo suyo, es como la iglesia, dan de lo que antes otros le dieron, pero nunca nada de lo de uno mismo.



