Cuando niño, el padre le decía al hijo si apruebas, si quitas buenas notas te compro un balón, el niño fue creciendo, si apruebas te compro una bicicleta, y así año tras años, si entras en la universidad, si apruebas te regalo un coche.
La empresa fue al desastre, quedaron arruinados, por no decir que el padre falleció, y se acabaron los regalos.
Ahora el joven no tiene aliciente, quedando huérfano del sacrificio por el sacrificio del éxito, por el desarrollo personal, la creatividad por la evolución de uno mismo.
Ahora sin promesas de recompensa, ignorando que la mejor la más grande recompensa es el éxito obtenido por uno mismo y para uno mismo.
Desconociendo que lo que le hacía ser un buen estudiante o buen profesional era el premio en sí, era su propia evolución, la seguridad de un futuro mejor, el premio era el propio resultado.
Esto es muy diferente si tras el éxito obtenido se intenta agradecer el trabajo realizado.
Realmente el padre en este caso estaba comprando la voluntad del hijo.
Recuerdo a una madre que decía, San Antonio o San José si mi hijo aprueba te pongo o misas, novenas o asisto a la misa o yo que sé, la historia es que si el hijo no aprobaba, San José y San Antonio se quedaban sin misa, no se daba cuenta que a los santos no se les puede comprar.
Si hacemos para nosotros, también hacemos para los demás si no hacemos, ni hacemos para los demás ni para nosotros.
Mi experiencia vivida en la Uni, en líneas generales, demuestra que los estudiantes con dificultades económicas, son mejores y alcanzan más logros, que los que carecen de problemas económicos.



